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El segundo libro de los Reyes es el último de los que forman la historia deuteronomista (Josué, Jueces, 1.2 Samuel y 1.2 Reyes). En él se encuentra el ciclo de narraciones que tienen como protagonista el profeta Eliseo. De estas narraciones leemos, en la primera lectura de este domingo (2Re 4,8-11.14-16a), la primera parte del relato que explica la resurrección del hijo de una sunamita.

Lo primero que llama la atención es que en un libro que narra las vicisitudes de los reyes de Judá y de Israel se hayan introducido las narraciones de los profetas Elías y Eliseo. De hecho, hay también otros profetas, Débora, Samuel, Natán, Ahías, Gad, Miqueas que aparecen en la historia deuteronomista. El hecho explica que estos libros sean considerados proféticos para la Escritura hebrea y nos hace dar cuenta de una estrecha vinculación entre profecía y monarquía. El Señor es el rey de Israel pero el ejercicio de este poder real lo ejercen los monarcas históricos y lo hacen con el consentimiento del Señor. Una de las funciones reales será velar por el cumplimiento de la Alianza, el pacto de Dios con su pueblo. El profeta apoya y avala el poder del rey, pero también tendrá que velar para que el rey haga cumplir y cumpla la ley como todo el mundo. Esto no siempre será una realidad y provocará que las relaciones entre profetas y reyes siempre serán difíciles. Cuando el rey no cumple la ley aparece la figura del profeta recordándole sus obligaciones. Esta interrelación entre profecía y monarquía explica la presencia de profetas en medio la historia de los reyes de Israel y Judá.

No hay ningún texto que muestre a Eliseo increpando al rey por incumplir la Alianza. Eliseo ante la monarquía es la voz autorizada de Dios que indica el cumplimiento a seguir. Elías y Eliseo no son profetas de grandes discursos como lo son los grandes clásicos de la profecía. Si en estos Dios habla por la palabra, en el caso de Elías y Eliseo, Dios habla a través de los hechos liberadores y este es el caso de la resurrección del hijo de la sunamita.

Este evento prodigioso se inscribe en un conjunto de otros hechos milagrosos practicados por Eliseo. Esta recopilación proviene muy probablemente de tradiciones conservadas por un importante movimiento profético arraigado en el reino del norte. El relato de la resurrección del hijo de la sunamita es más extenso de lo que propone la lectura litúrgica que recoge sólo la primera parte porque tiene interés en el hecho de la acogida a fin de ilustrar el dicho del evangelio de Mateo : "quien os recibe a vosotros a mí me recibe ... tendrá la recompensa" (Mt 10,40).

El tema de la primera parte explica la acogida que la sunamita ofrece a Eliseo. El episodio recuerda el de Génesis en el que tres personajes visitan a Abraham (Gn 18,1-15). Son acogidos igual que Eliseo es acogido. Son obsequiados con una comida espléndida y abundante, Eliseo es alojado con una habitación que, por lo que era común en la época, se puede considerar lujosa; finalmente el anuncio del nacimiento de un hijo acompañado de una cierta perplejidad de la mujer.

El ciclo de narraciones sobre Eliseo pretende prestigiar a la persona, la tarea y la autoridad del profeta. Sus discípulos, el círculo de profetas (2Re 2,7), deben ver que sus predicciones se cumplen. Por parte de la sunamita es el hombre de Dios, es decir, aquel que tiene una relación tan estrecha con Dios que puede llevar a cabo los milagros más sorprendentes. Los relatos reivindican la persona de Eliseo ante la monarquía (sobre todo el rey Joram) propenso a la idolatría y el culto a Baal. En contra este culto, Eliseo se erige en defensor de la fe en el Dios de Israel que, a diferencia de la inoperatividad de Baal y los ídolos, es auténticamente capaz de dar la vida como lo demuestra el mencionado relato de resurrección.

Domingo 13 durante el año. 28 de Junio ​​de 2020.