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El capítulo 14 del evangelio de Lucas está dominado por el tema del banquete. Comienza dando noticia de la invitación que un fariseo importante ofrece a Jesús a fin de que un sábado vaya a comer con él. Este es el marco que incluye la curación de uno hidrópico, las advertencias sobre el empleo de los primeros lugares en la mesa y la invitación a la hora de celebrar un banquete. Excepto la curación del hidrópico son los temas que leemos en el evangelio de este domingo (Lc 14,1.7-14).

Los sábados los judíos comían festivamente. Se hacía una comida extraordinaria además de las dos comidas que se hacían diariamente. Esta solía tener lugar después de las funciones sinagogales. A fin de dar un carácter alegre y festivo a la comida del sábado, solían llevar invitados a casa a los que se les obsequiaba. Visto así no es extraño que Jesús fuera invitado por un fariseo a comer en su casa, más cuando encontramos que en Lucas eso ya ha pasado otras veces (7,36; 11,37). Lo que es más raro es que la invitación se haga después de los varapalos que Jesús ha dirigido a los fariseos (Lc 11,42-44) y la reacción de estos: "Los fariseos empezaron a tenerle un rencor terrible y trataban de hacerle hablar sobre muchas cuestiones ".

Motivos para invitarle los hay, para no hacerlo también. Que hace que la balanza se incline para hacerlo ?. Fijémonos en la reacción de los fariseos que acabamos de exponer: "trataban de hacerle hablar sobre muchas cosas" y en el texto de hoy que nos indica que los fariseos lo estaban "observando al acecho". Los fariseos pretenden poner a Jesús en un compromiso mediante algún comportamiento o algunas palabras que vayan contra la sacralidad del sábado. Por eso están al acecho. De hecho, a lo largo del evangelio de Lucas, se puede observar cómo las controversias a raíz de la sacralidad del sábado se van repitiendo (6,1-5; 6,6-11; 13,10-17). La lectura litúrgica omite la curación del hidrópico en sábado y la argumentación que deja fuera de combate los fariseos. La omisión hace que pierda todo el sentido introducir el detalle que los fariseos estuvieran al acecho observando Jesús.

De lo que leemos en la lectura litúrgica una parte va dirigida a los comensales y otra a los anfitriones. A los primeros va dirigida la advertencia sobre los primeros lugares. Lo más importante del texto es el dicho de conclusón: "Todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será ensalzado". El dicho se reviste con un hecho de vida: Jesús observa los invitados que eligen los primeros lugares. Sigue una pequeña parábola que es la descripción gráfica del dicho mencionado. El dicho se parece al que ha aparecido en el capítulo 13, en referencia a la entrada en el Reino de Dios: "Hay últimos que serán primeros y primeros que serán últimos". El dicho del capítulo 14 no parece que se refiera a la entrada en el Reino, más bien parece una advertencia encaminada al comportamiento humilde que deben tener los miembros de la comunidad cristiana.

La parte final de la lectura va dirigida a los anfitriones. A los cuatro grupos que invitándoles pueden aportar la contrapartida de una invitación de la que se puede sacar un beneficio, se contraponen cuatro grupos incapaces de devolver el obsequio de una invitación: pobres, lisiados, cojos y ciegos . La recompensa de invitar a estos colectivos no se puede esperar en el ámbito de este mundo. En todo caso, la recompensa surgirá inesperadamente más allá de toda expectativa, será abundante y vendrá de Dios. Tanto en las palabras dirigidas a los comensales como en las dirigidas a los anfitriones, Jesús va contra las estrategias. A la estrategia de buscar sitios se contrapone la acción de Dios que ensalza a los humildes (Lc 1,52) y en la estrategia de buscar compensaciones y recompensas se contrapone la inesperada abundancia del don de Dios.

Domingo 22 durante el año. 1 de Septiembre de 2019.