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En el capítulo décimo del evangelio de Juan se encuentra el conocido discurso del buen pastor (vv.1-18). Sigue la reacción por parte de los judíos provocada por las palabras de Jesús (vv. 19-21). El resto del capítulo (vv 22-42) lo llena una intensa discusión de Jesús con los judíos. En cierto sentido, las palabras de Jesús en este debate son la respuesta a la reacción de los judíos al discurso del buen pastor. De esta discusión con los judíos leemos un pequeño fragmento (Jn 10,27-30) en el evangelio de este domingo.

Los judíos han pedido a Jesús que les diga abiertamente si él es el mesías. Esta petición resulta significativa a la luz del discurso del buen pastor. El pastor era una imagen que servía frecuentemente para referirse al rey descendiente de David. Se puede ver en el libro de Ezequiel: "Yo les daré un solo pastor que las apaciente: mi siervo David. Él las apacentará, será su pastor" (Ez 34,23). Si Jesús se proclama buen pastor, no será que implícitamente está reivindicando para él la condición de mesías?.

La idea de mesianismo que tienen los judíos y la que tiene Jesús no es la misma. Para los judíos es el líder guerrero que debe liberar al pueblo de los indignos gobernantes romanos y debe destruir los pecadores. Jesús no comparte esta forma de pensar. Recordemos cómo, después de la multiplicación de los panes, Jesús se escabulle cuando lo quieren hacer rey (Jn 6,15).

Jesús responde invitando a considerar las obras que él hace, a la vez que se da cuenta perfectamente de que los judíos no quieren entender ni creer porque no forman parte del rebaño de sus ovejas. Esto nos lleva a conectar la controversia con el discurso del buen pastor. En el versículo 4 Jesús dijo que sus ovejas le escuchan y le siguen; en contraste, los judíos que ni escuchan ni siguen. Aquí radica la diferencia. Si no escuchan ni siguen no es porque Jesús sea un mal pastor, sino porque ellos, los judíos, no quieren ser sus ovejas. Las ovejas que escuchan y siguen representan la entera comunidad cristiana.

Cuando Jesús dice: mis ovejas significa que puede haber ovejas que no son de Jesús y que las que lo escuchan y lo siguen son de su propiedad, nadie las arrancará de sus manos; ¿por qué? El motivo es claro: porque el Padre se las ha dado. Hay que recordar un pasaje del profeta Isaías que avala este pensamiento: "Desde siempre yo soy. Nadie arranca nada de mi mano y lo que yo hago nadie lo trastoca" (Is 43,13). Nadie puede arrancar las ovejas ni de Jesús ni del Padre, lo que significa que las persecuciones contra la comunidad cristiana no conseguirán romper la fidelidad a Jesús.

Jesús habla en el templo durante la fiesta de la Dedicación, es la fiesta que recordaba la purificación y consagración del templo en tiempos de los Macabeos después de haber sido profanado por Antíoco IV (1 Ma 4,52-59). Los judíos estaban orgullosos de su templo, signo visible de la presencia de Dios en medio del pueblo. Pues bien, ahora Jesús dice a los judíos que ahora hay una nueva manera de hacerse presente Dios en medio del pueblo. Él es la nueva presencia visible de Dios. El anuncio del prólogo se convierte ahora en Jesús en una realidad: "Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Hijo único del Padre" ( Jn 1,14).

La unidad de Jesús con el Padre es la mejor respuesta a la pregunta sobre el mesianismo de Jesús. Nadie en Israel podía imaginarse un mesianismo que no viniera de Dios. El actuar de Dios, proclamado ya en el Antiguo Testamento, es coincidente con el actuar de Jesús. No hay contradicciones, no hay caminos paralelos.

Domingo 4º de Pascua. 12 de Mayo de 2019