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La conocida parábola de los 10 leprosos podría también titularse "La parábola del samaritano agradecido". Producción propia de Lucas, la leemos en el evangelio de este domingo (Lc 17,11-19).

La ambientación geográfica no puede dejar omitirse. La mención de Samaría y Galilea nos preparan para conocer el origen del 10 leprosos: un samaritano y los 9 restantes se supone que son galileos. Más interés tiene que Lucas recuerde que Jesús está de camino hacia Jerusalén (9,51; 13,22). Hacer camino tiene que ver con el seguimiento a Jesús y también con la experiencia del pueblo de Israel, que hizo camino por el desierto hacia la tierra prometida, que tenía como meta decisiva Jerusalén y su templo. Es allí hacia donde se dirige Jesús con el propósito de enfrentarse a la institución religiosa del judaísmo. Lucas dice que Jesús se dirige a "Ierousalem" forma de designar la ciudad en la perspectiva sacral, centro neurálgico de la religiosidad judía. No dice "Hierosoluma" que es el nombre geográfico, usado por los paganos, sin ninguna connotación significativa. El enfrentamiento se confirma cuando, sólo en llegar, Jesús expulsa a los vendedores de los templo (19,45-48).

Jesús se acerca a un pueblo o aldea. De allí salen los 10 leprosos. Aldea o pueblo debe tomarse simbólicamente en el sentido de ser el entorno que influye en la mentalidad de la persona. Esta influencia lleva a considerar las normas sobre lo puro y lo impuro como una de las máximas características que definen la religiosidad de Israel. Esto llevado al extremo, llega a convertirse en un elemento opresor para persona que acaba quedando simbólicamente llena de lepra. Por extensión, la influencia de la aldea impide también la aceptación del proyecto de Jesús. El quiere liberar de este encarcelamiento religioso y de la marginación, consecuencia de la influencia negativa del entorno de la aldea.

Jesús reta a los leprosos a salir de este entorno, a empezar a considerarse curados y, por tanto, presentarse a los sacerdotes. Los leprosos quedan limpios al salir de la aldea. Al salir de ella, quedan libres de su influencia negativa, manifestada por la enfermedad de la lepra. Por el camino se produce el evento que provocará dos reacciones en sentido opuesto: Nueve leprosos seguirán hacia Jerusalén en busca de los sacerdotes de la institución, que los reintegren en el sistema religioso que les ha marginado. Quedarán simplemente curados.

El samaritano capta lo que ha pasado y que Jesús ha jugado un papel decisivo. Se da cuenta de que sólo Jesús puede liberar definitivamente y que la palabra / pronunciamiento de los sacerdotes queda totalmente desvirtuada ante la palabra de Jesús. Deshace el camino hecho, se convierte. De hecho la conversión conlleva deshacer el camino hecho en una dirección equivocada y reanudarlo en la dirección correcta. El camino que deshace y rehace el samaritano es indicativo de todo un proceso interior de su persona que lo lleva a desembarazarse de la opresión y marginación y apuntarse a la libertad de la adhesión a Jesús.

Hay que hacer distinción entre curar / purificar y salvar. Todos los 10 leprosos son curados y quedan purificados, pero sólo un samaritano se salva. Confió, entendió y ha decidido dar un paso hacia Jesús y éste le dice que su fe lo ha salvado. El samaritano encuentra en Jesús la posibilidad de realización de su persona, la que no le puede ofrecer, de ninguna manera, una religión que se limita al cumplimiento de prescripciones y normas que, aplicadas obsesivamente, acaban provocando la lepra de la opresión y la marginación.

Domingo 28 durante el año 9 de Octubre de 2016