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En el capítulo 8 de la carta a los Romanos, Pablo expone las características de la nueva vida del cristiano en unión con Jesús y el Espíritu Santo y presenta los motivos que fundamentan la esperanza del creyente. Pablo termina el capítulo manifestando la seguridad que da tener a Dios a favor, convencido de que contra eso no hay ninguna fuerza adversa que pueda oponerse. Lo hace con una diatriba, es decir, con una especie de diálogo donde se combinan preguntas retóricas y frases cortas con la intención de convencer con la fuerza del lenguaje. Hoy leeremos unos versículos (Rm 8,31b-34) en la segunda lectura de este domingo.

"Si Dios está con nosotros, quién estará contra?". Tener en contra, acusar (v.33), condenar, interceder (V.34) son términos habituales en el lenguaje judicial. Nos podemos imaginar la sala de un tribunal, Dios presidente del tribunal, Jesús intercesor abogado defensor, los acusadores no tienen nombre pero están representados por el pronombre "quién". Se puede deducir, sin embargo, quienes son, si atendemos a las pistas que da el contexto del capítulo. El versículo 35 habla de quienes pueden separar del amor de Dios: la tribulación, la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez, el peligro, la muerte. Enumerando estas adversidades, Pablo habla por la propia experiencia. Todo esto él lo ha vivido (1 Co 4,9-13; 2 Co 4,7-12; 11,23-27) y sin embargo se ha mantenido fiel a su misión y a ese amor de Dios.

"Él que no perdonó a su propio Hijo" (V.32). Es una clara referencia al sacrificio de Isaac (Gn22). Abraham está dispuesto a sacrificar a su hijo amado. En el último momento el ángel, enviado de Dios, impide la muerte. No es así en el caso de Jesús, Dios no perdona a su propio Hijo, sino que lo entrega para todos nosotros. Esta entrega es entendida como un don, como un regalo. Como es posible entender la muerte de Jesús como un regalo ?. Hay que acudir al pensamiento de Pablo. En la misma carta a los Romanos dice en el capítulo 4: "Fue entregado para perdonarnos los pecados y resucitado para hacernos justos" (Rm 4,25).
Pablo argumenta de mayor a menor aplicando aquí un principio de las interpretaciones rabínicas. Lo que se cumple en una realidad más importante, más grande, también se cumple en una realidad de menor importancia. Es más, el cumplimiento en lo más importante es garantía del cumplimiento en lo inferior. El don de la muerte y la resurrección de Jesús para hacernos justos es incomparablemente más grande y al mismo tiempo garantiza los dones que hay que entender como toda cosa buena encaminada a la salvación. A la universalidad de adversidades que pueden separar del amor de Dios, se contrapone la universalidad de todas las cosas que, juntándose al don de la muerte y la resurrección de Jesús, liberan del juicio y la sentencia condenatoria. En este "todas las cosas" (panta, en griego) hay que ver la creación de que ha hablado Pablo a lo largo del capítulo 8, entendida como el conjunto de cosas buenas que Dios dispone en bien de los que ama (8, 28). Si Dios ha dado a la humanidad pecadora lo mejor, ahora no abandonará los creyentes y les dará menos.

La resurrección implica la exaltación y constitución de Jesús como soberano mesiánico e intercesor celestial. El tema de la intercesión en Pablo sólo aparece en este pasaje y posteriormente lo desarrollará la carta a los Hebreos (7,25; 9,24). Lo que se quiere decir es que la acción en favor de los creyentes no se acaba en la muerte y la resurrección sino que Jesús la sigue haciendo, estando a la derecha de Dios. El poder de la intercesión es tan grande que queda diluida cualquier condena posible o cualquier fuerza de actuación de los poderes adversos al amor de Dios.

Domingo 2º de Cuaresma. 25 de Febrero de 2018