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Los últimos versículos del evangelio de Lucas (Lc 24,46-53) los leemos hoy festividad de la Ascensión del Señor. Indiscutiblemente la elección está determinada por la mención de la subida de Jesús al cielo (v. 51).

A que viene que ahora, justo al finalizar el evangelio, que Lucas recuerde que el sufrimiento, muerte y resurrección de Jesús que éste había anunciado antes de su muerte habían sido profetizados por la Escritura judía (Lc 9,22; 9,44; 18,31-33) ?. Parece una nota de tristeza en medio la alegría de la pascua. Motivos hay de sobras. Lucas quiere poner de manifiesto que lo que la Escritura había dicho sobre Jesús se ha cumplido. La Escritura como palabra de Dios se cumple. Es verdad lo que dice el profeta Isaías: "Así será la palabra que sale de mi boca: no volverá a mí infecunda. Realizará lo que yo quería, cumplirá la misión que yo le había confiado.» (Is 55,11).

En los anuncios de la pasión se habla siempre del Hijo del hombre en cambio ahora se habla del Mesías. El cambio tiene su explicación. Recordemos que Lucas está respondiendo a un requerimiento de Teófilo, hijo de Anás y cuñado de Caifás. Teófilo se preguntaba si, sin ser conscientes de ello, su padre y su cuñado habrían  dado muerte al mesías de Israel. Aunque el ideario judío no preveía por ninguna parte la muerte violenta del Mesías, Lucas muestra que ésta estaba prevista en la Escritura y que respondía a un plan de Dios. Por eso es importante el uso de término "dei" que hay que traducir por necesario, conviene, es necesario. El término indica que el sujeto de lo que sucede es Dios; los judíos no emplean nunca el término Dios, se valen de expresiones que remiten a Èl. Lucas quiere hacer ver a Teófilo que el plan de Dios va más allá de los manejos en que se vieron envueltos Anás y Caifás en la muerte de Jesús.

En el texto se encuentra un juego de idas y venidas que puede causar cierta perplejidad. Primero Jesús dice a los discípulos "Quédaos en la ciudad"; después se los lleva a Betania y posteriormente ellos vuelven a Jerusalén. Jesús pide que los discípulos permanezcan en la ciudad hasta que sean investidos de una fuerza de arriba. Lo que quiere Jesús es prevenir que los discípulos emprendan una acción misional que correría el riesgo de reavivar las expectativas nacionalistas que los discípulos todavía no han abandonado, es decir, una acción misional no inspirada por el Espíritu Santo el auténtico garante que tal acción se emprende según el proyecto de Jesús.

La mención de Betania nos lleva a considerar el lugar donde se encuentra la auténtica comunidad de Jesús. En el evangelio de Juan se dice que en Betania está la casa donde viven Lázaro, Marta y María (Jn 12,1-3). Recordemos que Jesús los ama (Jn 11,5). La estimación de Jesús indica una relación de predilección, muy personal, de intimidad, de sintonía en cuanto a captar su mensaje. La comunidad de Betania es la figura de la comunidad cristiana ideal. Es el tipo de comunidad que los discípulos están llamados a construir.
Con todo, los discípulos se vuelven a Jerusalén, no Jerosòlima, el nombre con que Lucas designa la ciudad de Jerusalén sin ninguna connotación ideológica, política o religiosa. Jerusalén se identifica con el sistema religioso judío, vinculado al templo y al cumplimiento de la Ley. Los discípulos se dirigen nuevamente a Jerusalén. Los hará falta un largo proceso para desembarazarse. Lucas lo explicará largamente en el libro de los Hechos.

Festividad de la Ascensión del Señor. 2 de Junio ​​de 2019