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Leemos en el evangelio de este domingo un fragmento del evangelio de Juan (Jn 12,20-33) en el que Jesús habla de su muerte. No es que anteriormente no se haya referido a ello: "Cuando hayáis levantado al Hijo del Hombre conoceréis que yo soy" dijo a los fariseos (8,28) y en la unción en Betania habla de la sepultura que se acerca (12 , 7). En el texto que leemos hoy encontramos que Jesús anuncia su muerte con una proclamación muy solemne: "Ha llegado la hora de que el hijo del Hombre sea glorificado" (v.22). Los sinópticos reparten cada uno tres veces los anuncios de su muerte. Uno de estos tres se produce después del reconocimiento por parte de Pedro de Jesús como Mesías (Mt 16,21ss .; Mc 8,31ss .; Lc 9,22ss.) Después del anuncio siguen dos dichos sobre amar la vida o no y el seguimiento a Jesús. En Juan también los encontramos y los ha colocado justo después del anuncio de la muerte tal como hacen los sinópticos. Anuncio y dichos nos sitúan en la proximidad de la muerte de Jesús que se acerca. Los dichos explican la actitud que debe tener el discípulo ante el hecho de la muerte de Jesús. Como Él debe estar dispuesto a perder la vida para ganar la vida eterna (en lenguaje joánico) y el seguimiento es un seguimiento que va a parar al pie de la cruz (María y el discípulo amado 19,25.).

En el texto que leemos hoy vemos una insistencia en hablar de la hora. La apocalíptica judía estaba convencida de la proximidad del fin de los tiempos y este fin comportaba la intervención divina que sería favorable a los fieles cumplidores de la ley y, en cambio, sería la ruina por los enemigos que habrían perjudicado el pueblo de Israel. Cuando Jesús anuncia que ha llegado la hora significa que ha llegado el momento decisivo del triunfo del Hijo del Hombre, la hora de la glorificación, entendiendo que esta es la plena manifestación de la presencia de Dios que tiene lugar en el momento de la muerte de Jesús.
En Caná Jesús dice que aún no ha llegado la hora (2,4), cualquier intento de detención (Jn 7,30; 8,20) resulta ineficaz en tanto no haya llegado la hora de Jesús. Las componendas humanas se estrellan contra la solidez de la voluntad de Dios. La muerte de Jesús no ocurre cuando quieren los judíos, sino que se inscribe en el plan de Dios. Este plan es inmodificable. Es la hora de Dios fijada sólo por Él y vivida por Jesús según la voluntad del Padre.

Es la hora de la cruz, la hora de la elevación. Este término tiene el sentido material de la crucifixión, ya que en ésta el condenado era levantado o colgado en la cruz; otro sentido es el simbólico. Elevación significa que Jesús sube para volver a Dios, el Padre. Por eso para Juan se identifican muerte, elevación y glorificación.

Fijémonos que en el texto se habla de movimientos opuestos: "ser lanzado fuera" o "atraer a todos hacia mí". Ser lanzado fuera es el destino que espera a quienes rechazan la realidad de la cruz. La hora de la cruz es la hora de la condena del mundo que quiere decir que el mundo que se ha separado de Dios y se ha opuesto frontalmente a Él será desenmascarado. Jesús elevado no es accesible directamente, hay que hacer un camino que, a tenor de lo que dice Jesús "Si alguien se me sirve", se define y caracteriza por el servicio como se verá en el gesto de lavar los pies (Jn 13,2 -5). Atraer significa que con su muerte Jesús abre un camino de acceso a Dios y lo ofrece a cualquier ser humano. A este le toca decidir qué quiere hacer. Con su muerte Jesús ofrece a cada ser humano la posibilidad de vivir una nueva relación con Dios. Atraídos hacia la cruz, beneficiados del camino de acceso a Dios, ser glorificados como Jesús.

Domingo 5º de Cuaresma. 18 de Marzo de 2018