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El tramo de la carta de Pablo a los romanos que va del capítulo 9 al 11 termina con un himno de alabanza y admiración (Rm 11,33-36) respecto a lo que ha dicho en 11,25-32. Se acabaron las exposiciones y argumentaciones. Podríamos decir que, si éstas no han conseguido hacer entender cuál es el trato que da Dios a Israel y los no judíos, queda todavía algo que va más allá de todo argumento: contemplar y admirar la riqueza, la sabiduría y el conocimiento de Dios. La incomprensión humana radica en la incapacidad para comprender y admirar la sabiduría y los designios de Dios. Sólo son comprensibles a través de la revelación del Espíritu que "todo lo penetra hasta lo más profundo de Dios" (1 Co 2,10).

El pequeño himno se compone de tres partes. El versículo 33, la primera, es una exclamación entusiasta que admira de riqueza, sabiduría y conocimiento de Dios; la segunda, vv. 34-35, vienen a ser una explanación, en forma de preguntas retóricas, de lo que ha dicho en el versículo anterior; la tercera v. 36 canta la gloria de Dios origen, sostenimiento y fin de todas las cosas.

Las tres preguntas de los vv. 34-35 se corresponden a las tres realidades que se predican de Dios en el v. 33 pero cambiando el orden. Al conocimiento de Dios corresponde la pregunta: ¿Quién puede conocer la mente del Señor?. La respuesta es nadie. El tema del Dios inasequible es un tema importante en la teología del Antiguo Testamento; lo encontramos en el profeta Isaías: "Mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos no son los míos. Lo digo yo, el Señor. Están lejos mis caminos de los vuestros y vuestros pensamientos de los míos como el cielo está lejos de la tierra "(Is 55,8-9). También está presente en la literatura apócrifa: "Los caminos del Altísimo son de condición eterna. Tú, en cambio, un hombre mortal que vive en el eón mudable, como puedes comprender al Eterno? " (4 Esd 3,11).

La segunda pregunta: ¿Quién ha sido su consejero? nos lleva a considerar la sabiduría compañera inseparable de la obra de Dios: "Iniciada en el conocimiento de Dios, ella escoge sus obras" (Sb 8,4), "Yo estaba allí cuando desplegaba el cielo" ( Pr 8,27). Solo a la sabiduría le corresponde ser consejera de Dios porque, como dice el profeta Isaías: "¿Quién podrá sugerirle buenos consejos?" (40,13) o Job: "Asistes al consejo de Dios y acaparas su sabiduría?" (15,8). Del todo acertada, pues, la alabanza que Pablo hace de la sabiduría de Dios

La tercera pregunta tiene que ver con la primera exclamación que alaba la riqueza de Dios. Quién ha dado nada a Dios que le otorgue el derecho a alguna recompensa ?. Nadie. El dar de Dios es una acción totalmente gratuita, puro regalo que no necesita condicionantes previos, sobre todo que nadie piense que en virtud de sus obras y comportamiento puede exigir nada a Dios. "¿Quién me ha dejado nada que yo le tenga que devolver ?. Bajo la capa del cielo todo es mío "(Job 41,3).

"Todo viene de él, pasa por él y hacia él. Gloria a él para siempre. Amen "Esta admiración, exclamación y alabanza de la gloria de Dios nos recuerda la finalización de nuestras plegarias eucarísticas. Seguramente Pablo hace suya una fórmula que existía con anterioridad. El Amen final lo pronunciaría probablemente la comunidad al terminar de leer la carta. La palabra Amén proviene del verbo hebreo "aman" muy rico de significados: confiar, ser cierto, confirmar, dar crédito, estabilidad firmeza, lealtad, fidelidad, seguridad, verdad. Usada por Jesús para reforzar el contenido de su enseñanza, el término pasa a tener un uso litúrgico cuando la comunidad proclama que es cierto lo que se acaba de decir y se adhiere a ello.

Domingo 21 durante el año. 23 de Agosto de 2020