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 El salmo que leemos o cantamos en este primer domingo de cuaresma es el salmo 51; es el salmo cuaresmal por excelencia  e intensamente presente en la liturgia. El salmo presenta al pecador que tiene clara conciencia de ser perdonado y se transforma en testigo de Dios a fin de manifestar al resto de pecadores el perdón que lleva a la reconciliación con Dios. Del salmo leemos tan sólo algunos versículos (51, 3-4.5- 6a.12-13.14.17).

Después de los dos primeros versículos de introducción que - haciéndose eco de una tradición - atribuyen el salmo a David que lo rezó arrepintiéndose de haber matado a Urías y de quedarse con su mujer, el salmo comienza diciendo: ten compasión de mí, Dios mío, tú que amas tanto, tú que eres tan bueno borra mis faltas. "Eres tan bueno" traduce un término hebreo de singular importancia: "hesed". Aparece 245 en todo el Antiguo Testamento y 127 en los salmos. A menudo suele ser traducido por bondad o gracia pero son traducciones inexactas, sobre todo incompletas porque no hacen justicia a la riqueza del término.

En la literatura narrativa del Antiguo Testamento se ven ejemplos de personas que se comportan teniendo "hesed" y en virtud de ello su comportamiento sobrepasa a lo que convencionalmente se debería hacer o está simplemente mandado.

El entierro de un padre es un deber filial, Jacob pide a su hijo José un favor, un "hesed" que va más allá de la simple obligación y es no ser enterrado en Egipto, es decir, en tierra extranjera (Gn 47,29). Abimelec trata Abraham con benevolencia, con "hesed", dándole mucho más que la esposa que había tomado por su hermana y que Dios le obliga a devolver (Gn 20,7.14-16.23). Rahab, la prostituta de Jericó, tiene "hesed" con los espías de Josué cuando no sólo les da la habitual hospitalidad sino que los protege de las iras del rey de Jericó (Js 2,12).

Con estos ejemplos vemos el comportamiento derivado del "hesed" como un comportamiento entre los humanos, pero "hesed" es bidireccional que puede ir de Dios hacia los hombres o de los hombres hacia Dios, por eso el salmista pide a Dios que en virtud de su "hesed" le dé más de lo que le corresponde, es decir, tenga piedad de él y le borre las culpas. En otros salmos de lamentación y súplica también se ven ruegos del mismo tono; se pide a Dios que actúe en virtud de su amor (Sal 31,17; 69,14; 106,45; 143,12).

La piedad es la manifestación de la actitud "hesed" de Dios que a medida que evolucionan los textos se ha convertido en una forma de expresión de la esencia de Dios. Lo expresa bien el texto de Éxodo cuando dice: "El Señor es lento en las iras y abundante en el amor" (Ex 34,6). La consideración del Señor con su pueblo se mantiene siempre vigente a pesar de los fallos y las infidelidades del pueblo. "Hesed", además de la buena disponibilidad de Dios hacia todos los hombres y mujeres y que se manifiesta en hechos, se entenderá como una de las maneras de ser de Dios.

Si Dios es amor, es "hesed", el ser humano tendrá que responder también con "hesed" con amor. Ya hemos dicho que "hesed" es el resultado de un comportamiento que puede adquirir una u otra dirección: de Dios hacia el hombre y del hombre hacia Dios. El "hesed" de Dios se convertirá modelo de comportamiento para el ser humano, si se tiene en cuenta esto, al ser humano se le pide que no se limite a cumplir lo que está estrictamente mandado. Seguramente por eso, en contrapartida al perdón concedido, el orante del salmo se compromete a enseñar los caminos de Dios a los pecadores, a aclamar el perdón que Dios le ha concedido y proclamar la alabanza.

Domingo 1º de Cuaresma. 1 de Marzo de 2020.