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 Seguimos leyendo, en la segunda lectura de estos domingos de pascua, fragmentos del libro del Apocalipsis. Este domingo se propone leer una selección de versículos del capítulo séptimo. (Ap 7,9.14b-17). Fiel al estilo del lenguaje apocalíptico, el texto se presenta cargado de una simbología que invita a entrar en el detalle de estas imágenes.

"Se estaban de pie delante del trono y del Cordero" (v.9). El trono se refiere al trono de Dios y del Cordero hace referencia a la persona de Jesús. Recordemos que Juan Bautista, hablando de Jesús, dirá: "el Cordero de Dios" (Jn 1,35). Estar de pie delante del trono y del Cordero y por las palabras de alabanza que vendrán a continuación (el texto litúrgico las omite) hace pensar que nos encontramos ante una celebración litúrgica en el templo celestial. También es posible que el texto se inspire en las audiencias reales o imperiales de aquella época. Los recibidos en audiencia están de pie delante del trono y el rey o emperador está rodeado de su ministros, asesores o cortesanos (aquí el Cordero, los ángeles, los ancianos) que intervienen en la acción e interceden por los presentes. La postura corporal de estar de pie es un indicativo de dignidad. Es la dignidad contraria a la postura de sumisión de los que han sido perseguidos. Es la dignidad adquirida con las penurias de la persecución o el martirio.

El vestido blanco y las palmas son los símbolos del triunfo. En el capítulo anterior el autor del Apocalipsis habla de los que han sido "inmolados por causa de la palabra de Dios y del testimonio que habían dado" (6,9). Piden que se les haga justicia y se les da un vestido blanco. Estos aparecen en el capítulo séptimo como triunfadores llevando el vestido blanco. Blanca era la túnica de los sacerdotes que oficiaban en el templo de Jerusalén, blanca era la toga de los magistrados y era un indicador de prestigio en el imperio romano. En simbología bíblica blanco es el traje que llevan los personajes pertenecientes al mundo celestial o divino: el vestido de Jesús transfigurado (Lc 9,29); el joven con vestido blanco que anuncia la resurrección (Mc 16,5); el de los hombres que se presentan en la ascensión (Hch 1,10). La palma era uno de los emblemas de la diosa Victoria y una rama de palmera se daba en la antigüedad a los triunfadores de los juegos olímpicos o de batallas militares.

Un diálogo retórico, típico del estilo apocalíptico, introduce la interpretación de la visión (v.13ss). No presenta ninguna dificultad entender que la tribulación se refiere a la persecución. La afirmación fundamental es: "han lavado vestidos con la sangre del Cordero y las han blanqueado" (v.14). Lavar con sangre es una imagen bien rara. Se puede ver una referencia al sistema de sacrificios del Antiguo Testamento donde la sangre de los animales ofrecidos en sacrificio otorgaba la limpieza espiritual. Era un ritual de purificación que posibilitaba entrar en la presencia de Dios. Las comunidades cristianas lectoras del Apocalipsis entendieron que los sacrificios de animales han sido sustituidos por la muerte de Jesús en la cruz, entendida como un sacrificio. La muerte resultante de la persecución se asocia a la muerte de Jesús y recibe su efecto vivificador. Los que han sido víctimas de la persecución han entendido bien que el seguimiento a Jesús y el verdadero testimonio pasa por la cruz.

La túnica se identifica con la identidad de la persona. Lavar el vestido significa que se ha producido una transformación de la persona en su interior y en su espiritualidad. La vinculación con la muerte de Jesús ha hecho operativo el paso de estar manchado por la cobardía de no querer dar testimonio al estado de pureza, limpieza y santidad que da el hecho de ser testigo de Jesús.

Domingo 4º de Pascua 17 de Abril de 2016