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El texto escogido por la primera lectura de este domingo es un fragmento del libro del profeta Miqueas (Mi 5,1-4a). La Escritura hebrea divide sus libros en tres grupos: la Ley, los Profetas y los Escritos. En los libros proféticos se incluyen los que la Biblia cristiana considera históricos (Js, Jt, 1 y 2 Sa y 1 y 2 Re) y también los libros de los profetas que escribieron (Is, Jr, Ez y el libro de los Doce profetas); es decir, la Escritura hebrea incluye en un solo volumen (un solo rollo) el conjunto de lo que la Biblia cristiana considera profetas menores. Entre ellos se encuentra el libro del profeta Miqueas del que leemos hoy un fragmento. Calificar estos libros de profetas menores es una desafortunada forma de nombrarlos porque la densidad de pensamiento, la profundidad teológica y la capacidad del texto de transmitir el mensaje y la palabra de Dios a la comunidad es equivalente a la de los grandes profetas, considerados así por la extensión de sus escritos.

El reino de Judá vivió un período de prosperidad bajo los reinados de Azarias = Ozies (782-740 aC.), de Jotam (751-735 aC), cuando Acaz (735-719 aC.) accedió al trono las cosas empezaron a ir mal. En el 732 aC. Teglatfalassar III conquistó Siria y diez años más tarde Samaria, capital del reino del norte, Israel. Estas conquistas llevaron la inseguridad al reino de Judá, Acaz fue un rey débil, pero Ezequías emprendió una reforma religiosa que comportó una purificación del culto de Judá. Es aquí donde se puede situar la predicación del profeta Miqueas si se da por buena la información del libro de Jeremías: "Miqueas de Moréixet, que era profeta en tiempos de Ezequías rey de Judá" (Jr 26,28). Según Jeremías la predicación de Miqueas consiguió que el Señor se desdijese del castigo que había anunciado. El profeta Miqueas llevó a cabo su obra en estos tiempos turbulentos. En medio de estos problemas, predijo que vendrían días en que la paz y la lealtad serían restauradas en Judá. Sus palabras son sobre todo palabras de esperanza.

El primer versículo acaba diciendo: “Sus orígenes vienen de antiguo, vienen de la eternidad”. Hay que entender que se trata de la antigua dinastía de David. La palabra eternidad responde a la convicción del origen divino del mesías (Sal 2,7); la palabra hebrea “O'olam” que la Vulgata latina la traduce por “aeternitatis” (eternidad) tiene un sentido amplio y generalmente significa una larga duración de tiempo. El pacto que Dios hace con Abraham prometiendo convertirlo en un gran pueblo (Gn 12,2) se concreta, más tarde, en la promesa hecha a David asegurando la perpetuidad de su descendencia (2 Sa 7) y la hecha en Salomón de consolidar para siempre su trono real (1Re 9,5). Convencido de la validez de estos anuncios, el profeta se atreve a anunciar la llegada de un líder que gobernará Israel. El profeta Miqueas a fin de estimular la esperanza se vale de un tema intensamente presente en el Antiguo Testamento: la convicción de que un líder, descendiente de David, cuando las circunstancias son difíciles – y esto ocurrió muchas veces en la historia de Israel – se convertirá en el liberador que traerá paz, prosperidad y libertad. Enviado por Dios, la existencia de este personaje será símbolo de la presencia de Dios que nunca abandona su pueblo.

El versículo 2 es el que puede presentar mayor dificultad. "Así, pues, el Señor los tendrá abandonados hasta el tiempo que alumbre a la que debe alumbrar". Estas palabras tienen relación con lo que dice Miqueas a 4,10: “Estremécete y retuércete como la mujer cuando alumbra, villa de Sión: ahora saldrás de la ciudad, acamparás al raso y llegarás a Babilonia. Allí serás liberada, allí te rescatará al Señor de la mano de los enemigos”. Los israelitas que esperan ansiosamente su liberación son comparados con la mujer que espera el momento de dar a luz. Así como el tiempo de gestación es un tiempo limitado, el tiempo de sufrimiento de Judá será también un tiempo limitado. La imagen de la mujer que alumbra conecta con la profecía de Isaías que anuncia a Acaz que la joven que debe alumbrar tendrá un hijo admirable que debe ser el Salvador de Israel (Is 7,14-17). En ambas profecías el alumbramiento es el punto de inicio de unos tiempos mejores.

Domingo 4º de Adviento 19 de Diciembre de 2021