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 Retomamos este domingo las lecturas correspondientes al tiempo litúrgico llamado "durante el año" o "ordinario". En este domingo 12º, la segunda lectura corresponde a un fragmento de la carta a los Romanos que seguiremos leyendo hasta el domingo 24. En el texto que leemos Pablo expone el significado de la obra liberadora de Cristo dirigida a toda la humanidad y que tiene implicaciones para quienes no forman, no han formado ni formarán más parte del pueblo de Israel. A fin de conseguir su propósito el apóstol contrasta la influencia de Adán y la de Cristo que resulta desmesuradamente superior a la de Adán. El lenguaje es denso, complicado, con todo, nos proponemos aportar alguna pista para mejorar su comprensión.

Hay que empezar teniendo en cuenta los versículos que inician el capítulo 5º. En ellos se dice: "Cristo murió por nosotros cuando todavía éramos pecadores" (5, 8). A partir del versículo 12 (el primero de nuestra lectura) hay un camvi de registro y el nosotros pasa a ser todos. Para Pablo, Cristo murió por los pecados de todos los hombres. El apóstol entiende la historia de salvación dividida en tres etapas: aquella en que no existía la Ley judía que va de Adán a Moisés (ante legem), la que va desde don de la Ley hasta Jesús (sub lege) y aquella en que impera el don de la liberación de Jesús (sub gratia). Si Jesús murió por los pecados de los hombres, Pablo debe demostrar la existencia del pecado en las dos primeras etapas. En cuanto a la segunda ya ha afirmado en el capítulo 3º que la Ley sólo hace conocer el pecado (3,20.28). La Ley, para Pablo, no tiene la fuerza positiva de ser camino de salvación en contra el pensamiento común de los judíos. Todo lo que puede conseguir es desenmascarar el pecado, más bien tiene una influencia negativa en un mundo dominado por las fuerzas nefastas del pecado y de la muerte.

En cuanto a la primera etapa Pablo afirma que con Adán entró el pecado en el mundo y por el pecado entró también la muerte. Adán se limitó a facilidad al pecado su entrada en el mundo. Su acción es de especial importancia cara a todo pecado posterior, dado que su pecado permitió e inauguró su presencia en el mundo. Una vez el pecado entró en el mundo a continuación lo hizo la muerte porque la muerte es la consecuencia del pecado. Pablo debe explicar cómo es que el pecado afecta a todos los seres humanos. Del judaísmo de su tiempo recoge la idea de que un primer pecado llevó la muerte: "¿Qué has hecho Adán? Porque, si has pecado, tu caída no ha sido sólo la tuya, sino también la nuestra y la de tus descendientes "(4 Esdras 7.118). Pablo argumenta la universalidad del pecado por la universalidad de la muerte: si todos mueren es que todo el mundo ha pecado.

La pretensión de Pablo es anunciar y proclamar el valor de la muerte y resurrección de Jesús que tiene efectos retroactivos y por ello se valdrá de la comparación de Adán y Cristo. Adán introdujo en el mundo el pecado y la muerte y su acción tuvo repercusiones en el futuro de la humanidad. Cristo aporta el don de la gracia generadora de vida. La repercusión tendrá efectos no sólo en el presente y futuro, sino también en el pasado. El don de la gracia cambiará la situación de quienes vivieron antes de la Ley y bajo la Ley liberándolos del dominio del pecado y la muerte.

La obra de Jesús, sin embargo, no realiza simplemente la restauración de una situación deteriorada por Adán o atascada por la incapacidad de la Ley. La obra de Adán y la de Cristo no tienen la misma intensidad sino que están en una relación de menos a más. Pablo se vale de un recurso rabínico conocido como Qal-Wa-homer:  Si aceptas el primer enunciado, con más razón hay que aceptar el segundo. Si es posible que para un hombre entre el pecado y la muerte en el mundo, más aún es posible que por otro entre la gracia y la vida. La fuerza de la gracia es incomparablemente más potente que la fuerza del pecado y de la muerte.
 

Domingo 12 durante el año. 21 de Junio ​​de 2020