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El evangelio de este domingo permite acercarnos a un texto (de lectura opcional) que nos habla del Espíritu. Recoge algunos versículos del capítulo 14 (Jn 14,15-16.23b-26) del evangelio de Juan y muestran la promesa del Espíritu Santo que Jesús hace a sus discípulos.
Las palabras de despedida, recogidas en los capítulos 13-16 del evangelio de Juan, contienen elementos de los discursos de despedida, presentes en la Biblia y sobre todo en la literatura apocalíptica. Un patriarca o personaje significativo se despide de sus seguidores antes de su muerte, suele insistir en la unidad del grupo, el amor y la designación o presentación de un sucesor. La promesa del envío del Espíritu se puede entender en la línea de la promesa de un sucesor de los discursos de despedida. Cuando falte la presencia física de Jesús, el grupo no se quedará solo para sino que se beneficiará con otro tipo de la presencia, la del Espíritu. Más adelante el texto indicará cuáles son las funciones del Espíritu en el seno de la comunidad.

Jesús promete otro Defensor, palabra que traduce "paraklêtos", Paráclito, término proveniente del ámbito jurídico que designa el defensor o asistente que interviene en un juicio. En un supuesto juicio que el mundo ha interpuesto contra los creyentes, el Espíritu sale en defensa de éstos. ¿Por qué el texto habla de otro defensor? El hecho de que Jesús escuche el rezo de los discípulos y consiga lo que ellos piden indica que la hace función de defender.

La promesa de enviar el Espíritu parece estar condicionada a amar a Jesús y guardar los mandamientos. ¿Cuál es el fundamento de esta relación? La guarda de los mandamientos es la esencia de la alianza que Dios otorga al pueblo de Israel y el núcleo de la respuesta a esta alianza. También la guarda de los mandamientos es la máxima expresión del amor de Israel hacia su Dios. "Venera al Señor tu Dios, guarda toda la vida sus decretos" (Dt 6,2). El amor a Dios es ahora el amor a Jesús y la alianza como don, es ahora el don del Espíritu. Ya el profeta Ezequiel incorporaba el don del Espíritu con los favores de Dios para con su pueblo que significaban una nueva alianza. El envío del Espíritu pertenece a la alianza de amor que Dios ha establecido con Israel. La nueva alianza se hace realidad en el interior de la persona. Así lo hace ver Jeremías: "Pondré mi ley en su interior, la escribiré en su corazón" (Jr 31,33). El Espíritu no actúa como una realidad exterior, como si sobrepusiera un añadido a la persona. El Espíritu de la nueva alianza grabada en el corazón actúa desde el interior de la persona efectuando, de este modo, en ella una transformación radical.

El versículo 26 nos dice cuáles son las actuaciones del Espíritu en el seno de la comunidad de seguidores de Jesús. Hace recordar lo que Jesús ha dicho y lo hace entender. La enseñanza del Espíritu no es una enseñanza nueva y ajena a todo lo que ha dicho y hecho Jesús; todo lo contrario incluye la totalidad de su hacer y de su predicar. Todo lo que Jesús ha dicho debe entenderse en sintonía con lo que se dice en 5; 24: "los que escuchan mi palabra ... tiene vida eterna". Palabra es aquí el todo de la predicación de Jesús.
Recordar se inspira en el significado profundo que este término tiene en el Antiguo Testamento. Constantemente Israel es invitado a recordar las gestas liberadoras que Dios ha obrado en él. Recordar es más una experiencia que un ejercicio intelectual (Dt 8,2.18; 9,7; 15,15; 16,3). Graba en tu corazón estas palabras (Dt 6,6). El recordar, movido por el Espíritu, no es un simple acto mental, no se limita a llenar los vacíos de la memoria, sino que implica tomar conciencia e interpretar las palabras de Jesús.
 

Domingo de Pentecostés     15 de Mayo de 2016