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Hemos empezado en estos primeros domingos del año litúrgico la lectura del evangelio de Marcos. Hoy leemos los primeros versículos (Mc 1,1-8). El texto de Marcos empieza diciendo: "Principio del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios". Se puede considerar el título de la obra pero fácilmente se descubre un contenido más profundo.

"Principio", la primera palabra del texto de Marcos traduce la palabra griega "arkhé". Es la misma palabra con que comienza la Escritura judía. "Principio", en el libro de Génesis nos introduce en la gran obra de la creación que es, a la vez, salvación y liberación ya que la creación es imponer el orden sobre el caos, por tanto, liberación de todo lo que representa el caos que es negatividad y muerte. El evangelio de Marcos también comienza con la palabra "principio" porque describe la obra de salvación, es decir, la obra de liberación llevada a cabo por Jesús. En el episodio de la transfiguración Moisés y Elías representantes de la Ley y los Profetas, es decir, de la totalidad de la Escritura hebrea aparecen hablando con Jesús. La voz del cielo, la voz de Dios dice refiriéndose a Jesús: "escuchadle" (9,6). A quien hay que escuchar a partir de ahora es a Jesús. Para la comunidad de Marcos lo que está escrito sobre Jesús toma el relevo de la Escritura judía. No la invalida ni la anula sino que la interpreta, la complementa y le aporta la totalidad de sentido. La Escritura deberá ser leída a la luz de lo acontecido en la persona de Jesús de Nazaret, Mesías e Hijo de Dios.

La palabra evangelio significa "buen anuncio", "buena noticia". La traducción griega de los LXX suele traducir el término hebreo "basar" (ejemplos: Is 40,9; 41,27; 52,7; 60,6) por evangelizar. Siempre se encuentra en un contexto en que lo que se predice es algo positivo y alegre. Este mismo sentido tiene el uso pagano del término. Cuando nacía el hijo de un rey, cuando se ganaba una batalla, cuando un monarca accedía al trono solía ser proclamado partes a través de mensajeros que proclamaban la buena noticia. Marcos en el título de su evangelio quiere dejar claro que lo que es Jesús, lo que hace, enseña y vive, su experiencia que resulta liberadora es buena noticia que en ningún modo queda enturbiada por la muerte en cruz.

El pueblo judío esperaba que el Mesías fuera, no sólo del linaje del rey David, sino un gobernante fuerte que restauraría Israel como una nación independiente y grande, un rey guerrero. En su evangelio, Marcos los desengañará sobre esta noción. El sufrimiento de Jesús y su muerte violenta revelará que Jesús es Mesías en un sentido muy diferente del rey guerrero que el pueblo judío esperaba. Sin embargo, este no es un libro sombrío. Marcos nos dice desde el principio que esta historia es una buena noticia.

Marcos deja claro, pues, que Jesús no es Mesías al estilo de aquellos personajes que aparecían con pretensiones mesiánicas prometiendo la liberación de los romanos opresores. Para darlo a entender se vale de la afirmación de que Jesús es Mesías e Hijo de Dios. Jesús en el Jordán experimenta la posesión del Espíritu de Dios con toda su plenitud. Esto lo hace diferente a cualquier tipo de Mesías. La filiación queda avalada por la voz del cielo, la voz de Dios: "Tú eres mi Hijo, el amado, en ti me complazco "(1,10-11). Esta relación única y singular con Dios quedará encubierta hasta que llegue el momento de la muerte en cruz. Ser Hijo de Dios no puede avalar un triunfalismo o unos privilegios que ahorren la cruz, por eso, justo después de la muerte, será el momento en que un pagano - quien lo iba a decir! - proclamará (15,39) que este hombre no es lo que pensais, es verdaderamente el Hijo de Dios.

Domingo 2º de Adviento. 6 de Diciembre de 2020.