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Leemos en el evangelio de este domingo la parábola del administrador astuto, seguido de tres dichos de Jesús sobre el uso de los bienes y las riquezas (Lc 16,1-13). La parábola permite ser interpretada de tres maneras: Estimular el buen uso de los bienes materiales; alabar la astucia como virtud o cualidad para conseguir nobles objetivos; proponer una actitud existencial ante la inminencia del regreso de Jesús.

Lo más interesante del texto que nos ocupa son las tres dichos de Jesús que siguen a la parábola. Seguramente circularon independientemente de la parábola y luego se añadieron a ella con el fin de suavizar el impacto producido por la alabanza de un administrador que dilapida la fortuna de su dueño y falsea documentos. Algunos comentaristas defienden que el primer dicho formaría parte de la parábola (vv. 8-9), otros no, pero en todo caso, muy pronto se juntó con la parábola formando un todo. En la primera parte del dicho Jesús no alaba las malas artes del administrador sino su inteligencia, sagacidad, astucia, no como cualidad sino como estrategia para conseguir algo. Valora a los que saben manejarse en situaciones difíciles y comprometidas. Esto es lo que pide que hagan los hijos de la luz, expresión que los esenios de Qumram usaban para designar los miembros de su propia comunidad y más adelante designará los creyentes seguidores de Jesús. En la parábola sobresale la rapidez. El dueño actúa rápidamente al saber que el administrador lo defrauda y este también es rápido en reaccionar para prepararse el futuro. Rapidez con que hay que actuar frente el inminente regreso de Jesús.

En la segunda parte del dicho (v.9) aparece el término "Mamones". Es un término que no aparece en la Escritura hebrea y de origen incierto. Su significa sería: "aquello en lo que una persona pone su confianza", de ahí es fácil pasar al significado de dinero, riqueza, posesiones. El texto habla del dinero engañoso, esto quiere decir que hay un dinero que no lo es. El dinero que no es engañoso es el que va destinado a la ayuda a los pobres, a la dignificación de la persona humana. Este es el dinero que abre las puertas de las moradas eternas cuando todo haya acabado. Se debe dilapidar, como hizo el administrador, pero en beneficio de los demás. Hacer don del dinero a quienes lo necesitan es una manera, por decirlo en lenguaje actual, de blanquear el dinero. El dinero por sí mismo no es malo. El Antiguo Testamento consideraba que la riqueza y las posesiones eran señal del favor de Dios. El dinero se convierte aquí en una medida para calibrar la fidelidad de la persona con Dios.

El segundo dicho (vv. 10-12) es un proverbio anónimo proveniente de la sabiduría hebrea. El razonamiento enlaza con la experiencia humana: nadie confía lo que es más importante a quien ha administrado mal el menos importante. Lo más importante se refiere aquí a los bienes espirituales. De este razonamiento encontraremos eco a 1 Tm 3,5 cuando se pide al pastor de la comunidad que sepa llevar la propia casa para poder llevar la casa de Dios.

El tercer dicho es el más famoso y conocido: nadie puede servir a dos señores (v. 13). En el judaísmo del tiempo de Jesús no era extraño que un sirviente tuviera dos dueños. Jesús personifica Mamones para contraponerlo a Dios. El dinero es el que determina, en gran medida, la forma de ser del ser humano. Uno de los dos polos regirá necesariamente la existencia porque el servicio a ambos es imposible. La alternativa no tiene otra salida, no hay un tercero, no hay una tercera vía.

Domingo 25 durante el año 18 de Septiembre de 2016