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Dejamos la carta de Pablo a los Filipenses que hemos leído en la segunda lectura de los pasados ​​domingos e iniciamos la lectura de la Primera carta a los Tesalonicenses. El texto de hoy (1 Ts 1,1-5b) contiene el saludo de Pablo a los de la comunidad de Tesalónica fundada por Pablo durante el segundo viaje misionero (Hch 17,4), comunidad que llega a ser  modélica, siendo ejemplo para todos los creyentes de Macedonia y Acaya.

Obsérvese que no es sólo Pablo el que saluda a los tesalonicenses, lo hacen también Silas y Timoteo, miembros del equipo de Pablo que participaron en la misión del segundo viaje apostólico. Silas fue un líder destacado de la iglesia de Jerusalén. El libro de los Hechos dice de él que era profeta (Hch 15,32). Pablo se lo llevó con él después de separarse de Bernabé (Hch 14,40) compartió con él los éxitos y dificultades de la misión, entre otros los acaecidos en Tesalónica (Hch 17,1-9).

Timoteo es uno de los colaboradores de Paz más conocido debido, sobre todo, por las dos cartas atribuidas a su autoría. Pablo quiso que fuera con él (Hch 16,3), lo encontró en Listra en el segundo viaje misionero. En cuanto a las relaciones con la comunidad de Tesalónica, fue enviado por Pablo desde Atenas para afianzar y confortar en la fe la amada comunidad. Junto con Silas, se reunió con Pablo en Corinto llevando buenas nuevas sobre la fe y el amor de los tesalonicenses (1 Ts 3,6), al tiempo que le dirigió algunas preguntas sobre problemas que preocupaban a los creyentes de Tesalónica, sobre todo la comprensión del estado en que quedarán aquellos que se han dormido en Jesús (1 Ts 4,14). Es entonces que Pablo escribió esta carta respondiendo a sus preguntas e instruyéndoles detalladamente y dándoles el consuelo que esperaban.

¿Qué importancia tiene que sean Pablo, Silas y Timoteo quienes saludan a los tesalonicenses? A menudo se tiende a pensar que la evangelización llevada a cabo por Pablo se limitaba a la tarea de su única persona, pasando por alto que detrás de él había un consolidado equipo misionero. Si se hiciera un inventario de todos los colaboradores que aparecen en sus escritos (los auténticos y los atribuidos a él) se cae en la cuenta de que este equipo es considerablemente numeroso.

Ser dos o más que emprenden la tarea de predicar es indicativo de que la evangelización en los primeros tiempos de la Iglesia fue obra de las comunidades cristianas. Son las comunidades las evangelizadoras. Recordemos que Jesús envía a sus seguidores de dos en dos (Mc 6,7), símbolo elocuente de que se trata de misiones comunitarias. Hay que recordar el papel de la comunidad que encomienda a la gracia del Señor la marcha de Pau acompañado por Silas (Hch 15,40).

Silas es un profeta. Hay que prestar atención a la combinación de profecía y maestría en la tarea misional de la evangelización. A Pablo por su formación a los pies de Gamaliel (Hch 22,3) le correspondería la maestría, a Silas la profecía. En las primeras comunidades cristianas el rol de la profecía es importante. Lo constata el mismo Pablo en la primera carta a los Corintios cuando menciona la profecía como un don del Espíritu (1 Co 12,10). No es la única vez que este tándem aparece en el Nuevo Testamento. El libro de los Hechos de los Apóstoles informa que en la comunidad de Antioquía había profetas y maestros (Hch 13,1-3). La comunidad envía Bernabé ya Saulo para la obra que el Espíritu quiere realizar. En este caso Bernabé es el profeta (Bar es hijo, nabí es profeta) y Saulo es el maestro.

Estas observaciones hechas sobre el texto nos llevan a considerar que la tarea evangelizadora en los primeros tiempos de la Iglesia no fue obra de cuatro iluminados, sino que fue una tarea bien organizada y dirigida con objetivos bien determinados y posteriormente bien revisados.

Domingo 29 durante el año. 18 de Octubre de 2020.