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Los once primeros capítulos del primer libro de los Reyes tratan sobre el reinado de Salomón que gobernó sobre el territorio de Israel unificado. Los capítulos que siguen (12-16) tratan sobre los reyes de Israel y de Judá. A partir del capítulo 17 entra en escena el profeta Elías y las narraciones de éste, junto con las de Eliseo, se alargan hasta el capítulo 13 del segundo libro de los Reyes. El autor de la historia deuteronomista insertó en los libros de los Reyes una serie de relatos de profecía y cumplimiento. Son relatos primitivos que no pretenden ser una biografía histórica sobre estos profetas; de hecho Elías aparece en el relato abruptamente sin ser presentado. En la primera lectura de este domingo leemos un fragmento (1Re 17,10-16) de estos relatos.

Todos estos relatos quieren reforzar la autoridad de la palabra profética y demostrar que su cumplimiento no falla. El propósito del autor es situar en los momentos más oscuros de la historia de Israel, marcados por la idolatría de los monarcas, la luz que aportan estos hombres de Dios. El mensaje es que no todo lo que ocurre en Israel es corrupción e idolatría. Dios sigue atento a todo lo que acontece y se pone a favor de aquellos que le muestran fidelidad. Efectivamente, Elías ejerce su misión durante el reinado del rey Acab que por influencia de su mujer Jezabel erigió un altar y dio culto al dios Baal, dios de la lluvia y la fecundidad.

Los profetas del Dios de Israel fueron los primeros perjudicados de la política religiosa de Acab y Jezabel, ésta necesitaba un grupo de profetas que la adularan y éstos sólo podía encontrarlos entre los fieles a Baal. Los profetas del Dios de Israel le eran incómodos. El espléndido culto a Baal prestigiaba un estado sin escrúpulos y Jezabel quiso eliminar a los profetas del Dios de Israel.

Ante este poder emerge la figura de Elías, está solo, humanamente indefenso, pero poseído de la fuerza que tiene la Palabra de Dios que contrarresta la prosperidad que Baal debía ofrecer. Elías anuncia una terrible sequía. Será entonces que el profeta será enviado por Dios a proteger a una viuda desamparada. Dios pondrá su mirada en una viuda y hará sentir su poder sobre Baal procurando alimento a la viuda en tiempo de sequía. En el trasfondo del enfrentamiento entre Elías y Acab está el enfrentamiento entre Baal y el Dios de Israel y será éste quien salga victorioso de la contienda.

“He dispuesto que te mantenga una viuda de esa ciudad” (v.9). Una viuda era el candidato menos adecuado para proporcionar hospitalidad al profeta porque las viudas y huérfanos formaban parte del colectivo de las personas más pobres y vulnerables de la tierra. La Torá, la ley, incluye leyes para proteger a las viudas y los huérfanos: “Separa la décima parte de tus cosechas, ponla a disposición... de los huérfanos y de las viudas, para que puedan comer hasta saciarse en las tus ciudades” dice el Deuteronomio (26,12). "El Señor mantiene las viudas y los huérfanos" dice el salmo 146,9. Y el profeta Zacarías recuerda: “No oprimiais a las viudas y los huérfanos, ni a los inmigrantes ni a los pobres” (7,10). La situación económica de la viuda y su hijo que acogen es extrema porque se preparan para la última comida ya continuación esperar a la muerte. La petición de Elías de pedir un pedazo de pan parece inoportuna y egoísta. La elección por parte de Dios de una viuda para alimentar a Elías es la demostración de un poder que, utilizando el más débil y el más improbable, es capaz de llevar a cabo una tarea aparentemente imposible. Los relatos de Elías quieren estimular la conciencia de que cuando se viven momentos difíciles puede haber una salida. Detrás de la figura del profeta se esconde Dios; el relato intenta mostrar que Dios está presente en la historia humana. Dios puede salvar en las situaciones más complicadas mediante instrumentos que uno nunca se imaginaría.

Domingo 32 durante el año. 7 de Noviembre de 2021