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En el domingo de Ramos se lee el relato de la pasión. Este año, según el año litúrgico en que estamos, el B, procede leer el de Marcos (14,1 a 15,47). Es un texto extenso, repleto de detalles y, por ser largo, estos pasan a menudo desapercibidos; este es el caso de la presencia de las mujeres al pie de la cruz en el momento de la muerte de Jesús.

Los hechos podrían haber ido más o menos así: En la ida de Jesús desde Galilea a Jerusalén le acompañó más gente además del grupo de los doce, entre ella habría mujeres y entre éstas, las mencionadas en el texto de Marcos ( 15,40-41). Ellas estarían en Jerusalén en el momento de la detención y muerte de Jesús. Lo miraban desde lejos, es decir, respetando el perímetro de seguridad que los soldados habían establecido para hacer su trabajo. La presencia de gente mirando era permitida porque las ejecuciones eran públicas a fin de disuadir revoltosos.

Quienes eran estas mujeres? Marcos aporta tres nombres: María Magdalena, María la madre de Santiago y José y Salomé. Son las mismas que irán al sepulcro para ungir el cuerpo de Jesús (16,1). De la primera de la lista, María Magdalena, Marcos dice muy poco, la poca información de Marcos lleva a pensar que se trata de una mujer de sobra conocida por las comunidades lectoras del evangelio.

De la segunda, María, Marcos dice aquí que es la madre de Santiago el menor y de José. Algunos comentaristas actuales han querido identificarla con la madre de Jesús. A favor del argumento juega que Juan sitúa María, la madre de Jesús al pie de la cruz (Jn 19,26). Usarían Marcos y Juan una tradición temprana que hacía presente la madre de Jesús en el calvario en el momento de la muerte ?. Estos comentaristas se valen para defender su tesis de que Santiago y José son dos de los cuatro hermanos de Jesús mencionados en Mc 6,3 y por tanto hijos de María, la madre de Jesús. En contra juega el hecho de que se hace difícil entender que Marcos no haya querido hablar sin rodeos ni alusiones indirectas de la presencia de la madre de Jesús en el momento de la muerte de su hijo.

Tampoco Marcos dice nada más de Salomé. Al igual que en el caso de María Magdalena, todo lleva a pensar que se trataba de una mujer bastante conocida de las comunidades y de la que no hacía falta, por tanto, dar más información. La tríada, con nombres bien definidos, se contrapone a la tríada de discípulos, Pedro, Santiago y Juan, presentes en los momentos clave de la actividad de Jesús. Lo que sí hay que admitir es que las tres eran mujeres de singular relevancia en la vida de las primeras comunidades cristianas.

A la escasez de datos personales que aporta Marco sobre las mujeres se contraponen los datos que proporciona a nivel colectivo. De las tres dice que seguían a Jesús, para servirle y habían subido con él a Jerusalén. Seguimiento y servicio son dos distintivos emblemáticos de los discípulos de Jesús. Ellas hicieron suya la instrucción de Jesús: "Si alguien quiere venir conmigo que se niegue a sí mismo que tome su cruz y sígame” (8,34). Lo hicieron con silencio, sin contradecir los proyectos de Jesús ni presumir de una fidelidad que en el caso de Pedro las promesas de seguimiento se diluyeron  en traiciones. Ellas llegaron hasta Jerusalén aún vislumbrando un final trágico (Mc 10,33).

Sirvieron Jesús. También en esto pusieron en práctica las palabras de Jesús que no ha venido a ser servido sino a servir (10,45). A diferencia del hombre rico incapaz de seguir a Jesús porque tenía muchos bienes (10,17-21) ellas fueron capaces de ponerlos a disposición de la comunidad.

En medio de la soledad dura de la muerte donde los protagonistas son los hombres (desertores, acusadores, sentenciadores, ejecutores) emergen estas mujeres, imagen de la auténtica comunidad cristiana que con el servicio y el seguimiento se convierten en una luz que las llevará a ser las primeras en hacer la experiencia de la resurrección.

Domingo de Ram.28 de Marzo de 2021