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Cuando el apóstol Pablo se encontraba en Asia menor, durante su segundo viaje misionero (49-50 dC.) Mientras se estaba en Tróada tuvo la visión de un hombre que estaba de pie delante de él y le suplicaba: "Ven a Macedonia y ayúdanos" (Hch 16,8-9). Convencido de que Dios le había encomendado esta misión, Pablo y sus compañeros se hicieron a la mar y, después de pasar por Samotracia y Neápolis, llegaron a la colonia romana de Filipos, allí fundaron una comunidad cristiana de la que Lidia fue la primera bautizada y posiblemente su dirigente (Hch 16,11-15).

La misión de Pablo en Filipos tuvo sus penas y sus alegrías, así lo explica el libro de los Hechos (Hch 16,19-24). Pablo exorcizó a una chica vidente que practicaba la adivinación; el hecho provocó la ira de sus dueños que quedaron privados de un jugoso beneficio. El hecho despertó un alboroto que llevó a Pablo a la prisión. La parte positiva de la misión es la relación entrañable y amistosa que se estableció entre el equipo misional de Pablo y la comunidad. Esta especial relación queda plasmada en el texto que leemos en la segunda lectura de hoy (Fl 1,3-6.8-11). Pablo escribe: "Doy gracias a mi Dios cada vez que me acuerdo" (v, 3) y "Os llevo en el corazón" (v.7), "Dios es testigo de cómo os añoro" (v8). Recuerdo, añoranza y estimación tres temas que denotan la relación entrañable.

En la carta a los Filipenses, Pablo afirma repetidas veces que está encarcelado (1,7-13-14.17) No está claro a qué encarcelamiento se refiere. Estuvo en Cesarea (Hch 24,27), en Roma (Hch 28,11ss), pero lo más posible es que se refiera a alguna de las prisiones mencionadas en 2 Co 11,23 o el incidente con Demetrio y los orfebres de Efeso narrado Hch 19,23-40. Esta situación de encarcelamiento debería hundir a Pablo en un estado de ánimo triste y abatido, en cambio escribe que ora lleno de júbilo por los filipenses. El tema de la alegría está presente en toda la carta (1,18.25; 2,2.17-18.28-29; 3,1; 4,4.10).

Esta carta Pablo la escribió unas semanas después de haber escrito una primera carta. Pablo elabora una respuesta más extensa para resolver unas situaciones que había oído que se daban a la comunidad de Filipos. Los filipenses están experimentando una hostilidad considerable por parte de sus conciudadanos (1,28-30). Pablo ve que la capacidad de resistencia de los filipenses puede quedar seriamente afectada. De hecho problemas dentro de la comunidad no faltan: "Tened cuidado con los que son como perros. Cuidado con los malos operarios. Alerta con esta gente partidaria de la mutilación "(3,2) dirá en la misma carta. "Muchos viven como enemigos de la cruz de Cristo" (3,18). Hay disidencias entre Evodia y Síntique que hay que resolver (4,2). Problemas, pues, dentro de la comunidad los hay. La carta, en tanto que intervención de Pablo, está totalmente justificada.

En la carta sobresale el tema de la "koinonía" que nuestro texto traduce por contribución. En un sentido laico "koinonia" significa colaboración comercial. El filósofo Aristóteles dice que "toda amistad está basada en una comunidad" (Etc. nico. 8,12,1). Pablo usa el término en varias ocasiones, hablará de la comunión del Espíritu Santo (2 Co 13,13) o, al hablar de la eucaristía, de la comunión con la sangre de Cristo (1 Co 10,16). El término se encuentra en la carta a los filipenses con una forma que no que no aparece en ningún otro lugar del Nuevo Testamento: "contribuir a la causa del evangelio". La contribución de los Filipenses en la tarea de la evangelización ha tomado diversas formas: poner a disposición de Pablo la persona de Epafrodito, un miembro la comunidad (2,25-30), la oración (1,19), el apoyo financiero (4,15-18) y un comportamiento digno del evangelio (1,27).

El texto que leemos acaba con la recomendación al conocimiento y la clarividencia para saber discernir lo que más conviene. Es la receta más adecuada para afrontar los problemas de la comunidad.
 
Domingo 2º de Adviento 9 de Diciembre de 2018