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De los que se consideran los 7 salmos penitenciales (6.32.38.51.102.130. 143), rezamos, leemos y cantamos en este 5º domingo de Cuaresma el 130, uno de los salmos más conocidos del salterio, llamado a menudo por su nombre latino que traduce sus primeras palabras: "de profundis", en castellano "desde el abismo".

¿Cuál es este lugar desde el que el orante del salmo levanta su clamor hacia Dios ?. No se trata del abismo primordial, cubierto de tinieblas antes de toda creación. El nombre en hebreo que le da el libro del Génesis es "tehom" que se puede traducir por abismo o océano primordial. Tampoco se trata del abismo del "sheol", el país de los muertos, país sin vida desde el que es imposible levantar una voz al Señor, porque, como dice el salmo 6: "¿Quién puede alabarte en la tierra los muertos? " (Sal 6,6). Sería una contradicción que el orante de nuestro salmo llamara al Señor desde un lugar donde es imposible ver al Señor. "En el país de los muertos no veré nunca el Señor" dirá el profeta Isaías (38,10-11).

La palabra abismo que aparece en el salmo traduce la palabra hebrea "maamaquim". La encontramos en el salmo 69 (v.14) donde el orante pide al Señor que las aguas abismales o profundas no lo engullan. En el libro de Ezequiel las naves de Tiro se hunden en las aguas abismales (27,34). Cuando el Segundo Isaías recuerda la liberación de Israel pasando por el camino abierto en medio del mar, habla de las aguas abismales del océano (Is 51,10).

El mar es el lugar de los peligros, es donde habitan las fuerzas y monstruos adversos al poder del Dios creador como Leviatán, el dragón del mar (Is 27,1). Desde este lugar de fuerzas adversas y de peligro es desde donde el orante del salmo 130 dirige su clamor al Señor. A menudo en la Biblia vemos como personas que han llegado a una situación desesperada de peligro dirigen su oración al Señor pidiendo auxilio y que los saque del atolladero. Lo hace Jonás cuando ha naufragado por negarse a predicar en Nínive (Yo 2,2-10): "En el peligro he clamado al Señor". El precioso salmo 107 describe diversas situaciones angustiantes y después de la descripción, como una especie de sonsonete repetitivo, va diciendo: "en sus penas llamaron al Señor y los salvó de aquel peligro". La súplica por antonomasia es la de los israelitas oprimidos en Egipto; "El Señor ha oído su clamor y ha bajado a liberarlos de los egipcios" (Ex 3,7-8). En todas estas situaciones el clamor levantado desde la situación extrema se caracteriza por la confianza en la intervención salvadora de Dios. Es desde este combinado de situación de peligro y de confianza que el orante del salmo dirige su rezo al Señor.

En el corazón del salmo (v.5) aparece el tema de la confianza. Dos veces el verbo esperar (qavah en hebreo) y confiar (iakal) se encuentran en un corto tramo de texto. Esto denota que se trata de una esperanza sólida, insistente, bien fundamentada y que no desfallece. Se sostiene en el convencimiento de que no puede aportar ningún mérito y que depende totalmente de la generosidad de Dios. El uso de la imagen de los centinelas es muy sugerente. En medio de la noche el centinela espera, como el orante espera en la noche de su abismo. El centinela espera porque sabe que la noche tendrá su fin y, pase lo que pase, el amanecer acabará imponiéndose sobre la noche; el orante está convencido del fin de su angustia porque sabe a ciencia cierta que Dios intervendrá y con su palabra dará su perdón y, como dice el salmo 51,13, no lo echará fuera de su presencia sino que permitirá que se mantenga ante Él con dignidad.

La esperanza del orante se inscribe en la esperanza de Israel, éste ha vivido en la historia una serie de infidelidades que han sido perdonadas y eso le proporciona un motivo para su esperanza. Si Dios ha perdonado Israel, podrá perdonar también quien le pide.

Domingo 5º de Cuaresma. 29 de Marzo de 2020