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El libro del Deuteronomio es una extensa predicación centrada en el valor de la Ley, otorgada por Dios al pueblo de Israel mediante el papel de intermediario de Moisés. El grueso del libro, el código deuteronómico (cc. 12-25) está precedido de un prólogo que muchos comentaristas suelen dividir en dos partes: 1ª cc.1-5, 2ª cc. 6-11. Las nuevas situaciones que ocurrían en la vida de Israel hicieron que el libro se ensanchara con nuevas incorporaciones textuales; este es el caso de los capítulos 7 y 8. En la festividad del Cuerpo y la Sangre del Señor que hoy celebramos leemos una recopilación de versículos del c. 8 (Dt 8,2-3.14b-16a), escogidos en función de la mención del "maná", considerado una prefiguración del pan eucarístico.

La nueva situación creada es la posesión plena de la tierra prometida y la llegada de una época de prosperidad. Es recomendable la lectura de todo el capítulo para captar bien el mensaje de los versículos que nos ocupan. La prosperidad puede poner en peligro el recuerdo y despertar el olvido. Se trata de recordar (v.2), de no caer en el orgullo, de no olvidar al Señor (v.14 que no recoge el texto litúrgico). Recordar y olvidar dos verbos de gran significación teológica en la Escritura.

Recordar "todo el camino que el Señor, tu Dios, te ha hecho recorrer". Camino es un término que también tiene en la Escritura un uso muy extenso (706 veces en el Antiguo Testamento) y una gran profundidad teológica. En un primer nivel, camino es un espacio, más o menos arreglado, para transitar por él e ir de un lugar a otro. Por poner un ejemplo del uso de este sentido en el Antiguo Testamento, podemos observar el texto de Gn 29,1: "Jacob retomó el camino y se dirigió hacia las tierras de oriente".

Nadie pone en duda, sin embargo, el sentido simbólico y figurado del término camino. Entonces camino significa comportamiento, forma de ser, el destino que a uno le espera o el proyecto de vida. "Inicia al joven en el camino que debe seguir, ni cuando sea viejo se aparta" dice el libro de los Proverbios (22,6). El camino que hizo Israel por el desierto no fue sólo el desplazamiento desde Egipto hasta la tierra de Canaán. Como dice nuestro texto: "Acuérdate del camino que el Señor, tu Dios, te ha hecho recorrer por el desierto, ... te ha puesto a prueba para conocer las intenciones de tu corazón y ver si observas o no mis mandamientos "(8,2). Este texto establece un nexo muy importante entre camino - comportamiento - y cumplimiento de los mandatos, es decir, la Ley. "Muéstrame el camino de tus decretos, Señor, que quiero seguir hasta el final" (Sal 119,33). Lo que, en definitiva, Dios quiere de Israel es que se comporte cumpliendo la Ley. No siempre será así. En el mismo libro del Deuteronomio, Moisés se queja de que, una vez recibida la Ley en el Sinaí, Israel no ha tardado mucho en ser infiel al pacto: "Vi que habíais pecado contra el Señor vuestro Dios, os habíais fabricado un becerro de fundición, os habíais desviado enseguida del camino que el Señor os indicaba "(9,16).

El cumplimiento de los mandatos va indisolublemente ligado a la obtención de la vida. "Tus decretos dan la vida al hombre que los cumple" dice el libro de Nehemías (9,29) y el salmo 16,11: "me enseñarás el camino que lleva a la vida". La primera vez que aparece "camino" en la Escritura es en el momento en que los querubines guardan el camino de la vida (Gn 3,24), cierran el paso al hombre y la mujer por haber incumplido el mandato dado por Dios. Lo que decimos explica la fortuna que ha hecho en el judaísmo la doctrina de los dos caminos. Jeremías dice: "Pongo ante vosotros el camino de la vida y el camino de la muerte" (21,8) y el libro de la Didaché empieza diciendo: "Hay dos caminos uno de la vida y uno de la muerte" (1 , 1). Nuestro texto presupone que Israel ha hecho la opción pero corre el peligro de olvidar, de no recordar que en el camino por el desierto, a pesar de las dificultades enormes, la protección de Dios no falló. Deberá aprender, tal como dice el Deuteronomio (30,16) que amar al Señor, seguir sus caminos, cumplir los mandamientos y conseguir la vida es una misma cosa.

Festividad del Cuerpo y la Sangre del Señor. 14 de Junio de 2020