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La salida de Egipto y la manifestación de Dios en el Sinaí son dos momentos culminantes en el libro del Éxodo. El narrador, valiéndose de la descripción de un itinerario, va desgranando eventos y situaciones particulares. En la medida que avanza el itinerario, el trayecto de Egipto hasta el Sinaí está marcado por las pruebas que el Señor enviará a su pueblo durante la estancia en el desierto. Estas pruebas irán preparando al pueblo para la recepción de la Ley.

En el capítulo 17 del libro del Éxodo se presentan dos. Aparecen como amenazas o enemigos que pretenden actuar contra el plan liberador de Dios. Una tiene su origen en el pueblo mismo, es la queja por la falta de agua (Ex 17,1-7); la otra proviene de fuera, es la guerra contra Amalec, el pasaje que la describe es el que leemos en la primera lectura de este domingo (Ex 17,8-13). En ambos episodios interviene el bastón prodigioso de Moisés.

Amalec, rey de los amalecitas era el nieto de Esaú (Gn 36,12). Los amalecitas que encontramos luchando contra Israel serían sus descendientes y el evento muestra hasta donde persiste el conflicto entre Jacob y Esaú. En el libro del Deuteronomio (25,17-19) Amalec aparecen como enemigos declarados de Israel. Saúl (1Sa 15) y David (1Sa 28,8; 30,17) combatieron contra ellos y en el libro de Ester, Aman perseguidor de los judíos es agaguita y Agag (1Sa 15,8) es uno de los reyes de los amalecitas.

Se da noticia de la batalla pero no se describe la crudeza de los combates. La hazaña tiene más la apariencia de una acción litúrgica (levantar las manos (Sal 63,5; 77,3), mantener el bastón alzado) que de un combate belico. Josué aparece en la escena sin ninguna presentación; quizás su intervención quiere preparar el papel que en el futuro adquirirá como sucesor de Moisés. La victoria ayuda a apuntar méritos a su "curriculum".

El bastón de Moisés tiene un protagonismo especial dentro del relato. Es el bastón que se convierte en serpiente ante el Faraón (Ex 4,2-4; 7,8-12); es el bastón con que Moisés golpea el Nilo y luego se convierte en sangre (Ex 7,20-21); es el que interviene en la plaga de las ranas (Ex 8,1) y en la de los mosquitos (Ex 8,12); es el bastón que separa las aguas del mar Rojo y las vuelve a juntar (Ex 14,15-28); es el bastón que hace brotar agua de la roca (Ex 17,6). En todos estos casos el bastón de Moisés demuestra y hace evidente el poder de Dios. Así ocurre en nuestro episodio. El bastón es poder y presencia de Dios. Aunque poco se podía esperar militarmente de un puñado de esclavos fugitivos por el desierto, la victoria se debe no sólo al esfuerzo combativo de los israelitas sino al gesto de Moisés de mantener alzado el bastón. Cuando los combatientes israelitas ven el bastón, aumenta su coraje, si no lo ven el coraje decae. Ver el bastón les recuerda la presencia y la protección de Dios que los libera y los salva. Moisés derrota Amalec y su rey con el bastón que en otro tiempo derrotó el faraón y los egipcios.

Es presente realmente el Señor en medio del pueblo? Pregunta que se hacen los israelitas durante la travesía por el desierto. La victoria aclara todo tipo de dudas. Ante el recelo y la vacilación, el Señor da pruebas de su presencia. Los amalecitas acabarán siendo malditos porque intentaban impedir que Israel, el pueblo de Dios, recibiera la herencia que El les había prometido.

Domingo 29 durante el año. 20 de Octubre 2019