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El salmo 34 del que leemos la primera parte entre la primera y segunda lectura de hoy, es un cántico de acción de gracias. El salmo tiene una notable influencia de la literatura sapiencial. A partir del v. 12 parece que un maestro sabio vaya impartiendo su enseñanza pronunciando sentencias. Los enunciados del salmo, aunque puedan parecer reflexiones teóricas, parten de experiencias reales. El salmista quiere encaminar los oyentes hacia su propia experiencia. El Señor ha respondido a una persona que lo buscaba, lo ha liberado de los miedos y angustias; quiere que vean y prueben la bondad de Dios.

Para quien ha sido salvado, la alabanza debe convertirse en un elemento determinante en toda la vida. El judío tiene sus horas de oración: por la mañana (Shajara), por la tarde (Minjá) y al anochecer (Arvit). Loa al Señor en las grandes fiestas de peregrinación (Pascua, Pentecostés y Tiendas). Cuando se siente liberado, la alabanza del salmista va más allá de los momentos establecidos y preceptivos y se esparce por todos los momentos y rincones de la vida.

Quienes son los "anabim", los pobres que tan a menudo aparecen en los salmos? Determinados estudios sobre el Antiguo Testamento vieron en los "anabim" un grupo perfectamente determinado como lo fueron los sacerdotes o los levitas o como, en las primeras comunidades cristianas, lo fueron las viudas. También se imaginaban los pobres como una familia o una especie de hermandad espiritual. La característica del grupo sería el seguimiento decidido al Señor. Este pensamiento era más imaginativo que real.

Una constante que llamó la atención fue el binomio "enemigos - pobres", insistentemente presente en los salmos. En los salmos los pobres son las víctimas de sus enemigos. El elemento esencial de la pobreza es el acoso que los poderes enemigos mantienen sobre los pobres y el consecuente desamparo y necesidad que se derivan de tal situación.

El pobre es el perseguido, el calumniado, el acusado que se ve totalmente indefenso ante el poder omnipotente de los enemigos sobre un tipo de personas. Estos dimensión jurídica tiene un peso muy fuerte a la hora de definir al pobre y se impone sobre la visión de un tipo de personas que, convertidas en modelo de piedad, adquieren la categoría de ideal de vida. Ante esto el pobre busca el cobijo de Dios a menudo en el templo y, viéndose indefenso, encomienda su causa al juicio del Señor. Él depende de la protección jurídica y la compasión del Señor. En la cima de la desesperación, los pobres van al templo y suplican que el Señor intervenga a fin de que los enemigos sean vencidos. El Señor es el abogado de los que están privados de protección legal porque no tienen recursos para pagarse abogados o sobornar a los jueces. No tienen influencia ni prestigio social.

Fuera de la óptica jurídica, los pobres son los que socialmente están marginados, carentes de privilegios, sin alimentos, expoliados, extranjeros, sin tierras ni posesiones de ningún tipo. Los profetas son los que mejor han descrito la situación desesperada de los pobres (Is 58,6-8; Jr 5,28; Ez 18,12-13; Am 2,6-8; 7,4-7). Son los desamparados en la lucha por la supervivencia. Nadie les ayuda y por eso confían en que el Señor dé la vuelta a su suerte. Lo esperan todo únicamente del Señor.

Al recibir el favor de Dios se convierten en los mejores testigos de su acción liberadora. Así como Moisés bajó del Sinaí con el rostro resplandeciente (Ex 34,29), ahora este don se extiende y es concedido a los pobres, a todos aquellos que ensalzan al Señor, lo  buscan y prueban su bondad.

Domingo 4º de Cuaresma. 31 de Marzo de 2019