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Unos cuantos versículos del segundo canto del siervo del Señor (Is 49,3.5-6) ​​los leemos en la primera lectura de este domingo. Los llamados cantos del siervo son un grupo de textos (42,1-4; 49,1-6; 50,4-9; 52,3 a 53,12) que se encuentran insertados en el libro del Segundo Isaías o Deuteroisaías, así es como se suele llamar a la segunda parte del libro de Isaías. Es una lástima que, por unos pocos versículos, la liturgia no disponga leer el canto entero.

Los cuatro cantos están unidos por la figura del siervo que tipifica el israelita perfecto, fiel del todo a la voluntad de Dios, dispuesto a llevar a cabo la misión que Dios le confía incluso con el don, si es necesario, de su vida. Quién es, sin embargo, en realidad el siervo?. Las propuestas de los comentaristas han sido muchas. En este pasaje parece que el siervo sea el colectivo del pueblo de Israel (v.3) pero esta propuesta es difícilmente conciliable con el versículo 5 que afirma que Israel debe reunir el Israel disperso. El calificativo de siervo enlaza el personaje con los grandes prohombres de la historia de Israel; Dios se dirige a Abraham (Gn 26,24), Moisés (Nm 12.7), David (2Sa 7,5), Job (Jb 1,8), llamándolos siervos suyos. El siervo de los cánticos entra, pues, en el estamento de los grandes personajes de la historia de Israel y cómo estos su misión será importante.

En el texto aparece tres veces el verbo "decir" (en hebreo "amar"). El término nos remite a la primera vez que aparece en la escritura hebrea, el libro del Génesis. "Y dijo Dios", la expresión se va repitiendo y seguidamente van saliendo a la existencia todas las cosas. En Génesis vemos como la palabra de Dios tiene un gran poder. El "dijo" de Dios, la voz de Dios es capaz de poner en funcionamiento una fuerza con gran capacidad liberadora, en el Génesis será la liberación del caos; aquí la palabra dirigida al siervo hará que el Israel disperso se vuelva a reunir (el exilio es la dispersión, la liberación de Dios es el retorno a la tierra), conseguirá el retorno del resto de Israel y hará que la voz profética del siervo sea luz que lleve la salvación a las naciones.

"Él que me ha formado desde el seno de la madre" dice el siervo, él como un nuevo Jeremías (Jr 1,5) ha sido llamado desde el seno materno; esta llamada pone de manifiesto un plan de Dios que sobrepasa las decisiones y opciones del siervo. La iniciativa de la misión del siervo parte de Dios. Como Jeremías, también el siervo vivirá la duda y el desaliento; la misión se le presenta como una tarea imposible e inútil, pero encontrará en Dios su fuerza, de tal intensidad que lo que debería ser una misión limitada en principio a Israel, ahora, por el querer de Dios, se dirigirá a todas las naciones. Al desánimo del profeta Dios responde ampliando el campo de su misión, el siervo deberá dirigirse a los gentiles. Los que no forman parte del pueblo de Israel también se beneficiarán de la salvación de Dios. La misión del siervo adquirirá un alcance universal.

La consecuencia de todo ello será que el siervo hará resplandecer la gloria de Dios, será que sea reconocida la grandeza de Dios por su obra liberadora; pero también el siervo será glorificado, es decir, tendrá el honor de haber sido elegido para una misión tan importante y manifestará la grandeza de la persona que se fía exclusivamente de Dios y busca no el propio prestigio sino el prestigio de Dios.

Domingo 3º durante el año. 19 de Enero de 2020