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Un pequeño fragmento del capítulo 4º de la carta de Paz a los Filipenses leemos en la segunda lectura de este domingo (Fl 4,4-7). El texto tiene un tono exhortativo, homilético porque cada una de las frases es una llamada amable a la forma de vivir cristiana.

El texto comienza diciendo: “Vivid siempre contentos en el Señor. Lo repito: vivid contentos”. Pablo escribe desde la cárcel y los filipenses están inquietos por la situación de Pablo; a pesar de esta situación humanamente desesperada, Pablo invita a la alegría y les recuerda que él, aunque esté encadenado, está lleno de gozo. La cárcel nunca para nadie es motivo de alegría pero para Pablo sí es un gozo estar encarcelado por haber aceptado a Jesús, su persona y su mensaje. Las palabras de Pablo están en sintonía con otros pasajes donde se habla de la alegría a pesar de las contrariedades. En el libro de los Hechos de los Apóstoles se dice: “Contentos de haber sido hallados dignos de ser maltratados por el nombre de Jesús” (5,41) y la carta de Jaime dice. “Hermanos míos, teneos por muy felices cualesquiera que sean las pruebas que pasáis” (Jm 1,2). La repetición del verbo alegraos no quiere hacer otra cosa que enfatizar su importancia.

El tema de la alegría está presente tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. A menudo se trata de la alegría que se vive por el hecho de sentirse liberado: así Isaías dice: “Aquel día dirán: «¡Aquí tenéis a tu Dios! ... ¡Es el Señor, en quien teníamos puesta la esperanza!. Alegrémonos y celebremos que nos haya salvado” (25,9) y el salmo 126,1s: “Cuando el Señor renovó la vida de Sión, lo creíamos un sueño. Nuestra boca se llenó de alegría, de gritos y de risas”. La salvación que se percibe cercana se convierte en motivo de alegría y en nuestro texto el equivalente a “la salvación cercana” es la expresión: “El Señor está cerca”. En el Nuevo Testamento lo que decimos se hace evidente en el pasaje donde el ángel, que anuncia a María el nacimiento de Jesús, se dirige a ella diciéndole “jaire” (el mismo verbo que encontramos en Filipenses), alégrate porque el hijo que nacerá de ti traerá la salvación.

“Que todo el mundo os conozca como gente de buen trato”. Buen trato traduce el término griego “epieikeia” muy rico de significados: amabilidad, benignidad, hacer lo correcto o conveniente, hacer lo útil; otros significados son: equitativo, moderado, razonable, amable. La traducción griega de los LXX utiliza el término para describir la bondad o benignidad de Dios. Fuera del ámbito bíblico el término denota clemencia o suavidad en el trato. Cuando el autor de Filipenses pide que la gente conozca a los cristianos como gente de buen trato nos lleva a pensar en el pasaje del libro de los Hechos de los Apóstoles donde Lucas hablando de la primera comunidad cristiana dice: “Eran bien vistos de todo el pueblo ” (Hch 2,47). Las palabras de Filipenses se ajustan perfectamente con las palabras de Jesús dichas en el sermón de la montaña: "Vosotros sois la luz del mundo... que brille igualmente vuestra luz ante la gente" (Mt 5,14-15) .

En el versículo 7 el texto dice: "La paz de Dios que sobrepasa todo lo que podamos entender". Paz de Dios significa que no se trata de una paz mundana. Recordemos que en el tiempo en que se escribe el texto de Filipenses está en vigor la llamada pax augusta. Fue una época de orden y prosperidad que se vivió en las fronteras del imperio romano. Después de 13 años de guerra civil, el emperador Augusto consiguió poner fin a la crisis económica, social y política, iniciando un largo período de ausencia de guerras y prosperidad económica en el interior del imperio. Eso sí, la paz se consiguió sometiendo a muchos pequeños pueblos y cualquier núcleo de resistencia rebeldes a las imposiciones del poder imperial. La paz se acompañó de una gran propaganda y, a tal fin, se construyó el monumento Ara Pacis Augustae, un altar dedicado a la paz erigido en el campo de Marte por orden del Senado en el año 13 aC. Cada año se celebraban actos de culto dedicados a la paz.

La paz a que se refiere Pablo, evidentemente, no es esa. Hay que tener presente que el término deriva del hebreo “salom” que significa paz pero que quiere decir muchas más cosas que la ausencia de guerra. La paz que deriva de “shalom” es el favor y la protección de Dios, la prosperidad, la salud; sería, en definitiva, todo lo que favorece la plena y total realización de la persona humana.

Domingo 3º de Adviento. 12 de Diciembre de 2021