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Por Josep Gallifa . Mar, 11/10/2022 - 13:16

En esta entrada trataremos de cómo se materializó el estado napoleónico en la educación en el Reino de España.

Durante el denominado Bienio progresista (1854-1856), en concreto en 1855, se promulgó una ley radical inspirada en el modelo educativo del estado francés. Cabe recordar que en aquellos momentos se había producido ya la desamortización de Mendizábal (que había terminado en 1851). En ese año 1851, aprovechando una cierta distensión en las relaciones con los Estados Pontificios, se firmó el primer Concordato entre el Estado Español y la Santa Sede.

Tras el Bienio progresista, en 1857 se entró en un período de liberalismo moderado, año en el que se promulgó la Ley de Instrucción Pública, conocida como Ley Moyano. Esta ley asumió buena parte del programa del liberalismo radical precedente, de intervención del estado en educación, de reserva de la educación superior para el estado, de centralismo, de imposición de la lengua castellana, y de uniformización y funcionariado. Es decir, se optaba también por el modelo napoleónico y no por el modelo germánico a la hora de entender la Educación y la organización de los colegios. Sin embargo, difería en un aspecto del caso francés como fue que, en aplicación del Concordato de 1851, el Estado hacía una “concesión” a la Iglesia, y le permitía continuar los colegios religiosos y contribuir así desde el ámbito privado a  la “segunda enseñanza” que acababa de definirse con la nueva ley.

La ley encontraba un equilibrio respecto a la ley radical anterior. Era centralista y estatalizadora, pero permitía la continuidad de los colegios religiosos. Es decir, respetaba el Concordato y hacía una concesión a la Iglesia. De esta forma todas las partes tuvieron motivos de satisfacción, pero también de frustración. Otra cosa fue la enseñanza universitaria, reservada exclusivamente al estado, y afectada también por el centralismo y total castellanización. Explicamos en entradas anteriores los efectos para la educación superior de esta carencia de participación de la Iglesia en momentos en que en otros lugares, más influidos por el modelo germánico, se fueron fundando universidades.

Volviendo a la educación primaria y media, en definitiva, la Ley Moyano fue una ley que consolidó el modelo de colegio, tanto los colegios nacionales como los colegios religiosos. También consolidó las mentalidades sobre la Educación y sobre qué es lo público, inspirándose en el modelo del estado napoleónico francés. Esta ley estuvo vigente hasta la II República y en ciertos aspectos hasta 1970 cuando se promulgó la Ley General de Educación (denominada como Ley Villar Palasí). La Ley Moyano estableció un marco mental que, por su pervivencia durante tantos años, todavía tiene fuertes resonancias hoy.

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