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Me van a perdonar si soy un poco indiscreto. Un cura me cuenta que ha dormido muy mal los últimos días. No sabía si había hecho bien. Y me decía que sobre todo no lo contara a nadie.

Pues lo cuento. Hicieron la vacunación en una residencia de ancianos donde pasa muchas horas. Cuando estaban terminando, vacunados los ancianos y el personal de la residencia, sobraban tres dosis que se tenían que tirar. La dirección del centro llamó al cura que vive cerca para que fuera. El sacerdote insistió en preguntar si estaba seguro de que le tocaba a él. Y si no había nadie más del centro que pasará delante. Pero le dijeron que no. Que se vacunara él. Y ya está hecho.

Al cabo de unos días se organizó el gran revuelo porque en una situación similar el obispo de Mallorca, Sebastià Taltavull, se había vacunado. El cura ya se veía víctima del mismo escándalo por una situación que no había buscado: "sólo de pensar en esto, ahora no lo haría".

No soy vacunólogo ni asesor espiritual. Pero le dije que yo creía que había hecho bien. Y que la polémica no tenía ningún sentido. Lo mismo le dije con un mensaje al obispo Sebastià. Para mí la clave en los diversos escándalos que ha habido sobre la vacunación de personas que no son población de riesgo o personal sanitario no es el cargo o responsabilidad del vacunado. La clave es si te has puesto a la cola o te han puesto. Y si tenía una lógica para proteger a las personas que han sufrido más la mortalidad del Covid-19. Para proteger a las personas mayores, no para protegerse a uno mismo. Y más cuando los resultados parecen indicar que a pesar de la falta de vacunas, en los entornos cerrados que son las residencias la vacunación está dando resultados y puede detener la mortalidad.

Una cosa es ir a buscar la vacuna saltándote la cola y la otra es que te la pongan para cerrar el círculo en un entorno a proteger. Creo que estamos en el segundo caso.

A menudo se presenta la Iglesia como un geriátrico. Para criticarla. Pues, sí. Hay mucha gente mayor en la Iglesia. En la primera etapa de la pandemia, una de las sorpresas para los servicios sanitarios es que de golpe aparecía un foco con alta mortalidad en una unidad de convivencia que no tenían registrada como espacio de alto riesgo. Eran las comunidades de religiosos y religiosas, o casas con varios sacerdotes. Normalmente una unidad de convivencia puede tener una o dos personas mayores. Pero allí eran todos mayores y cuando entraba el coronavirus había un descalabro.

Como es el caso del de Mallorca, pasa también en muchos obispados que la residencia del obispo está en el mismo edificio o en el mismo complejo que el de la residencia de sacerdotes mayores. O en las comunidades o conventos con enfermerías. Hay obispos, clérigos o religiosos que su interacción con este espacio es tan permanente como la del personal sanitario. Por ello es razonable que sean vacunados como el personal de limpieza o los bedeles.

Si también dicen que la Iglesia es un geriátrico, es porque entre la gente mayor la inmensa mayoría son católicos practicantes. Para ellos, en esta etapa final de la vida, la atención religiosa y sacramental también es importante. Por ello, en la medida de lo posible, creo que también es una atención esencial que en las residencias puedan acceder los curas.

En este sentido, me impactó la reflexión que me hacía otro cura al inicio de la pandemia. Cuando no había equipos de protección ni para el personal sanitario, dejó de hacer muchas asistencias sacramentales que le pedían a enfermos moribundos precisamente para evitar "gastar" un EPI que podía servir a una sanitario para salvar otras vidas. En el caso de las vacunas, la reflexión es al revés. Y más, cuando hablamos de las vacunas que sobran cuando se termina una tanda de vacunación en un centro.

Pero el cura que no ha dormido bien estos días no podrá contar que la han vacunado. Está saturado de oír en las tertulias de la radio y de ver en los periódicos que es un escándalo que se vacunen "a los obispos y sacerdotes". Pues, no. No se están vacunado en genérico “a los obispos y curas” porque sean obispos y curas. Igual que no se está vacunando a “los cocineros” o los “encargados de la limpieza”. Se vacuna a las personas que están con nuestros mayores, entre los que también hay muchos sacerdotes y religiosos o que conviven con otros religiosos y sacerdotes mayores. Y entre ellos, algún obispo. Insisto: que nadie vuelva a decir que se están vacunando “a los obispos y los curas” como si fueran una casta.

No es porque lo hayan pedido, para dar ejemplo, o porque lo diga el Papa. Los curas o los obispos lo hacen porqué que algún responsable sanitario les ha dicho que se vacunen. Y los que lo han hecho por este motivo sean curas, obispos o taxidermistas, creo que deberían poder dormir tranquilos.