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Me van a perdonar que hable en pasado porque ni se ha muerto ni ha dejado de ser obispo, pero Xavier Novell ha presentado por sorpresa de todo el mundo su renuncia como obispo de Solsona. A los 52 años, diez años después de suceder el obispo Jaume Traserra. Sin actualmente muchas posibilidades de promoción episcopal, era de prever que se jubilara como obispo de Solsona el 2044, dentro de más de 20 años. ¿Qué ha pasado?

Hay pocos antecedentes de renuncias avanzadas. De memoria cito al obispo de Málaga, el catalán Ramon Buxarrais, que en 1991 presentó la renuncia diez años antes de la edad de jubilación y se fue a ayudar a los pobres de Melilla. Más recientemente, en 2019, dimitió el obispo de Ciudad Rodrigo, la joven promesa Raúl Berzosa, también por motivos personales no muy claros pero que aparentemente no tienen demasiadas semejanzas con el caso de Novell.

El hasta hoy obispo de Solsona no ha explicado nada directamente. Ni sabemos qué hará ahora. Habitualmente un obispo que se retira desaparece y vuelve a su diócesis de origen (que no sería el caso de Novell, hijo del mismo obispado) o se va a las misiones. ¿Quizás una vida de retiro espiritual? ¿Un paréntesis? No lo sabemos. En todo caso, continuará siendo obispo hasta el final de sus días con otras funciones.

La nota habla de una decisión únicamente personal. Ha cerrado todas las comunicaciones y por ahora no explicará nada. Ha sido una sorpresa para todos. Tanto para la gente más cercana como para la mayoría de obispos y entornos eclesiales. Por lo tanto, sólo podemos especular y mirar atrás. Ver quién era el obispo de Solsona para apuntar algunos motivos de lo que ha pasado. Todo hace ver que realmente ha sido así: una decisión muy personal.

Novell ha sido siempre una persona firme en sus convicciones pero a la vez con giros de 180º. Seminarista en la época del obispo Antoni Deig fue uno de los enfants terribles del momento, durante los años 90. El seminarista "progre" que, por ejemplo, defendió ante todos los obispos y miembros del Concilio Provincial Tarraconense la ordenación de las mujeres. No era la mejor manera de promocionarse. Novell siempre ha creído que si decir lo que se piensa en conciencia debe suponer un calvario, más sufrió "Nostrusenyor".

Pero el obispo Traserra vio en él una de sus grandes cualidades y lo que el entonces obispo de Solsona apreciaba más. Una persona muy inteligente. Mucho. Lo envió a estudiar a Roma y al volver se convirtió en su mano derecha en la diócesis y en 2010 en su sucesor. Pero en la ciudad eterna Novell, en la época final del pontificado de Juan Pablo II, hizo un giro de 180º en sus planteamientos pastorales y eclesiales. Y pasó a defender la más firme ortodoxia católica. Pero con el mismo convencimiento que siempre había tenido. Y si había que ser crucificado para defender la verdad eterna, que así fuera. El ejemplo más claro es la escandalera que se organizó por unas rayas que escribió en la Hoja Dominical que ofendieron al colectivo homosexual. Se resistió contra el parecer de todos a hacer el clásico comunicado de pedir disculpas "si he ofendido a alguien" aunque ello le costara la reprobación del consistorio solsonense, entre otros escarnios.

La misma convicción la ha tenido en los planteamientos pastorales. Pueden ser discutibles, pero nadie le puede negar que tenía un plan para una diócesis envejecida. Con convicción y sin freno, ha podado todo lo que creía que debía podar, aunque hiciera daño, para centrarse en aquellas iniciativas que estaba convencido de que podían llevar a rebrotar la diócesis. Y en algunas cosas no se puede negar que ha acertado.

Para algunos, un iluminado. Y para otros, un francotirador.

De donde no ha bajado del burro es en sus convicciones nacionales. Creo que es el único obispo del que tenemos la foto votando el 1 de octubre. Y eso tampoco ayuda cuando las decisiones eclesiales se toman en el eje que va de Barcelona-Madrid-Roma y que ahora a menudo hace parada en Aragón. Como en otros temas fundamentales lo vivía claramente como un tema de conciencia y actuaba y decía lo que creía en conciencia.

No sabemos qué ha pasado, pero podemos especular que detrás hay claramente un tema de conciencia y de convencimiento. No ser obispo a cualquier precio si no puedo hacer y decir realmente lo que pienso.

Muchos podemos ver como clave el tema nacional, porque es el que ha tenido más recorrido a nivel mediático en los últimos años. Pero si está, seguramente es un factor más y colateral. Esto no quita una lectura política del hecho, porque se pierde el obispo más soberanista de Cataluña, justo el mismo año en el que también ha renunciado por edad el obispo de Girona, Francesc Pardo, moderadamente encuadrado en este sector. Por tanto, las consecuencias en el mapa episcopal que se pueden dibujar los próximos meses en Cataluña son de largo alcance. Ahora el cardenal Juan José Omella tiene mucho por recorrer.

También puede llevar al problema de otras diócesis pequeñas que durante años quedan a la espera de nombramiento y regidas por un obispo vecino, como pasará ahora en Solsona con el obispo de Vic como administrador apostólico. Esto ya pasó en Solsona durante buena parte del siglo XIX. Hasta 1919 estuvo sin obispo planeando la posibilidad permanente que fuera absorbida o segregada entre las diócesis vecinas. También podríamos volver a esta situación y entonces hasta los alcaldes de la CUP echarán de menos que Solsona sea sede episcopal...

Ciertamente hoy no deben llorar mucho los eclesiásticos a quienes no les gusta que haya obispos que van por libre. Pero, me inclino realmente por una renuncia personal y por motivos de conciencia. Y como este sagrario es difícil de visitar, poco más se puede especular. ¿Quizás es otro giro de 180º? El olfato apunta a un convencimiento pastoral de acuerdo con sus convicciones que, por lo que sea, ha visto imposible sacar adelante y que no valía la pena ser 20 años más obispo de Solsona.