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Me van a perdonar porque no tengo mucho más que decir. Pero Omella llega dentro de pocos días como nuevo arzobispo de Barcelona. Esto parece. A diferencia de otros momentos de este largo relevo del arzobispo Lluís Martínez Sistach ahora las especulaciones provienen de los círculos cercanos a nunciatura y al gobierno español, que son los que lo saben unos días antes. Si es así, tres cosas.

Primera. Juan José Omella, aragonés de la Franja, será un buen arzobispo de Barcelona. Presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social y persona de buen trato. En este sentido, es plenamente un obispo franciscano. Esta ha sido la mejor carta del lobby aragonés que informa al papa Francisco sobre España. Si huele a oveja, comprenderá sus ovejas y puede dar gratas sorpresas, pero entramos en terreno desconocido.

Segunda. Nos sigue faltando una "diplomacia" catalana en el Vaticano que pueda hacer algo. El nombramiento tiene lecturas políticas y no sólo por el momento actual, sino por lo que es nombrar un obispo sin trayectoria en Cataluña por Barcelona. El ministro José Manuel Margallo explicaba hace pocos días en el digital de Pedro J. Ramírez que se había preocupado mucho la situación en Cataluña y como ejemplo hablaba de "la gran operación de exteriores que se ha llevado exclusivamente desde este ministerio: ¡yo he estado 20 veces en el Vaticano!". No creo que fuera para impulsar la beatificación de alguna religiosa española. Y si queremos obispos catalanes, la Iglesia catalana debe picar más piedra en la Roma, y ​en ​todos los niveles.

Tercera. En el Vaticano han considerado que esperar como evolucionaba el proceso catalán ya no era motivo suficiente para detener la sucesión de Barcelona. Si continuaban esperando, podríamos ver al cardenal Sistach inaugurando el final de las obras de la Sagrada Familia. Queda tiempo para ir averiguando cuáles han sido los criterios que han guiado el Papa Francisco en la decisión que toma.

Todo ello, si llega Omella.