Voleu rebre les notícies?

Subscriviu-vos al butlletí gratuït

Me van a perdonar porque nunca he sido muy papista, en el sentido de centrar más la devoción en el Papa que en Dios Nuestro Señor. Pero evidentemente Francisco tiene una atracción especial. Por eso, cuando puedo ir a Roma intento asistir a la audiencia general de los miércoles, como la de esta semana .

La atracción por el papa Francisco también se traduce en números. Según datos de la Santa Sede, en 2016 casi cuatro millones de personas participaron en algunos de los actos presididos por el Papa en el Vaticano. 700.000 más que el año pasado. Cifras que superan las de Juan Pablo II, aunque no se puede comparar por la facilidad que hay hoy para viajar que no había antes de la expansión del low cost.

Este miércoles el Papa estaba especialmente fresco. Se nota cuando se detiene a comentar lo que lleva escrito. Y se nota cuando hace una de las cosas que lo convierte en una personaje atractivo. Cuando dice lo que no se espera que diga. Lo ha hecho al final.

"Ahora os diré algo que no quisiera decir pero que tengo que decir". Le han pasado un ticket rojo como el que da acceso a las audiencias y enseñándolo ha dicho: "en las entradas está escrito en uno, dos, tres, cuatro, cinco y seis idiomas que 'la entrada es totalmente gratuita'. no hay que pagar, es un visita gratuita que se hace al papa para hablar con el papa". Y después ha explicado que hay "estafadores" y "criminales" que cobran la entrada y que tuviéramos cuidado: "La gente viene aquí sin tener que pagar, porque esta es la casa de todos".

Es el típico gesto improvisado (aparentemente, porque aunque no lo ha leído tenía un ticket en la mano) y totalmente mundano que lo hace más cercano. Que se preocupa de lo que afecta a la gente, aunque pueda parecer un detalle menor, y que otro líder mundial dejaría para su secretario o portavoz.

Y un gesto que es coherente con el recorrido eclesial del Papa Francisco. Una iglesia más desprendida del dinero. Y más aún cuando este muerto no se puede cargar a la Iglesia. El papa se refería a los operadores turísticos que organizan visitas al Vaticano con encuentro con el papa incluida haciendo pagar la entrada. Un poco lo que pasa con las bodas por la Iglesia, que lo que es caro son el vestidos de novia, las flores, el fotógrafo o el banquete, todo a precio tasado, mientras que la parroquia suele dar un sobre para la voluntad.

En realidad, de las reformas que ha impulsado el Papa, una de las más estructurales y complejas ha sido la que afecta a temas financieros de la Santa Sede. En la enumeración de reformas hechas en tres años que él mismo recopiló esta Navidad, de los diecinueve ejemplos concretos que puso, nueve se referían a temas económicos. También varias veces ha invitado a dejar a obras sociales o de caridad los centros de vida religiosa o monasterios que quedan vacíos por falta de vocaciones, y no destinarlos a operaciones lucrativas.

Es otra clave del pontificado, la coherencia entre los gestos, las palabras, y los hechos.

Decían que a Juan Pablo II se le iba a ver, y a Benedicto XVI a escucharlo. Pues a Francisco parece que se le va a ver y a escuchar. Y además -como ir a misa- es de los pocos actos que quedan bajo cubierto y con animación musical que son gratis.