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Me van a perdonar que no les cuente la historia entera. Pueden comprarse el libro L'exili de la marededéu de Núria o ver el documental con el mismo nombre. Es lo que les quería recomendar en el día de las vírgenes encontradas. Una historia ahora conocida gracias a la tenacidad de personajes como Manuel Castellet, matemático y ex presidente del Institut d'Estudis Catalans.

El documental se estrenó por la fiesta de San Gil en el Santuario de Nuria. Y vale la pena. Además de estar bien hecho como documental, es muy ilustrativo. En la primera parte se remarca la popularidad que siempre ha tenido el Santuario de Nuria, a pesar de la omnipresencia de Montserrat (aunque entre advocaciones a Maria no se compite, creo).

Mantener viva durante siglos la peregrinación a un santuario que hasta 1931 sólo se acedía anadando, y al que hoy no se puede llegar en coche, tiene mérito. Esta semana mi madre me recordaba una excursión de 1947 de una entidad del barrio, viaje desde Barcelona que entonces era todo un acontecimiento. Una muestra es que quedó registrada en el archivo familiar en las imágenes que pueden ver debajo de este texto.

Pero sin duda lo más interesante del reportaje es la figura del padre Ventura. Absolutamente desconocida. Era el joven y excursionista sacerdote del santuario en 1936. Con el inicio de la guerra, el 18 de julio, se detuvo el cremallera y los veraneantes a Nuria quedaron aislados. A través de la información que recibían por la radio, comenzaron a temer que subiera una columna de milicianos a quemar el santuario. Así fue a los pocos días.

Y el padre Ventura se adelantó. Cargó la imagen de la Virgen en la mochila y la pasó a la Cataluña Norte. El periplo de la imagen -que durante unos años llegó a estar escondida en una caja fuerte de un banco suizo- es exactamente un guión para una película.

Pero mientras comenzaba la persecución que llevó a la muerte a 2.500 sacerdotes, religiosos y religiosas en Cataluña, el padre Ventura también se preocupó de atender a las personas que habían quedado atrapadas en el Valle. Había quienes querían volver a Barcelona, ​​pero también los que por su seguridad era mejor que pasaran a Francia. Y con unos amigos de la Cerdanya francesa también organizó la salida de este grupo hacia el norte. Algunos -los que perdieron la guerra dos veces- ya no volvieron nunca más por el exilio forzado después por el franquismo.

El exilio de la imagen de la Vírgen terminó bién y en 1941 el mismo mosèn Ventura la pudo volver al Santuario. Gracias a ello hoy se puede seguir venerando la imagen.

El día de la fiesta de San Gil, el arzobispo Joan-Enric Vives recordaba acertadamente que el Pirineo ya ha visto demasiado exilios. Deberían  ser más conocidas estas historias heroicas, pero que cuando se emprenden no se hacen por heroicidad. Los hay en todos los ámbitos sociales. Por ejemplo, seguro que hoy se están repitiendo en el drama del refugiados de sirios. Esperamos que no tengan que pasar setenta años para recuperarlas y hacer justicia. Y que un día los sirios puedan volver a subir de fiesta a sus santuarios, como hacían los barceloneses pocos años después de la guerra en un lugar que sin mosén Ventura hoy habría un gran vacio.