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Me van a perdonar pero alguien miente. O de no dice toda la verdad. O construye una verdad a medida. Y ya me perdonarán porque estamos hablando de lo que nos dicen que otros han dicho.

En un caso, lo que nos dicen que dijo José Manuel García-Margallo el lunes en una rueda de prensa en la Embajada Española ante la Santa Sede. El ministro español se reunió con su homólogo vaticano, la segunda visita en poco más de un año con el Secretario de Relaciones con el Estados de la Santa Sede, Paul Richard Gallagher. Uno de los cargos con el que sólo se tiene relaciones si eres un Estado. Las notas de agencia dicen que Margallo explicó que entregó una carta explicando porque Cataluña ni puede, ni debe ser, ni será independiente. Un argumentario que Margallo relató de nuevo a los periodistas. Se supone que no lo hizo porque lo desconocieran, sino para hacer notar el Vaticano la trascendencia de este tema.

La Santa Sede, sin embargo, tiene la sana costumbre de no hacer comunicados o ruedas de prensa sobre los encuentros bilaterales de este nivel si no hay un motivo acordado entre las dos partes que lo justifique. Así, de la respuesta de Gallagher no supimos nada.

Pero casualmente esta semana el diplomático vaticano visitaba Andorra, y allí le preguntó sobre la reunión del lunes un corresponsal de La Vanguardia, Pau Echauz. Curiosamente, la respuesta de Gallagher sólo he visto que haya tenido eco en una columna en la edición en papel de este jueves, al contrario que las explicaciones del lunes del ministro.

Según dice La Vanguardia, Gallagher dijo que Margallo no le entregó ninguna nota: "No me entregó ningún dossier o carta. Recuerdo que me regaló un libro que ha escrito" (sic). Y, que, en todo caso, era "posible que en la conversación hubiera salido la palabra Cataluña, pero eso no quiere decir que profundizáramos en el tema". Es de suponer que a Gallagher le habían contado lo que había dicho el ministro, que no era exactamente lo mismo. Sobre una conversación se pueden ofrecer versiones variadas, pero una carta, o se da o no se da, o no se recibe.

Pero al margen de la contradicción entre las versiones que nos dicen que explica cada protagonista del encuentro, este incidente en un vaso de agua deja bien clara cuál es la postura del Vaticano: "No me metan en esto, que la vida ya es bastante complicada ". Esto no lo dice así Gallagher, al menos en público. Y si no fuera del mundo eclesiástico aún lo diría de una manera más grosera. Pero aunque no lo diga, por si alguien no lo ha entendido, en las mismas declaraciones se añadía que el Vaticano no tiene una actitud oficial sobre el contencioso catalán. Gallagher aseguró que "la Santa Sede respeta las decisiones de los pueblos y lo que papá está muy preocupado por destino de Europa".

Así, que nadie espere que el Vaticano nos solucione el problema, pero tampoco que contribuya a agravarlo. Y si esto es así, es porque cabe suponer que la Santa Sede no se informa sólo por las cartas que oficialmente no recibe de Margallo.