Mapa de l'arquebisbat de Barcelona el 1984

Voleu rebre les notícies?

Subscriviu-vos al butlletí gratuït

Per saber-ne més

Me van a perdonar pero creo que las novedades que se acercan son un buen momento para hacer un repaso de los últimos años y del recorrido que ha tenido el nombramiento de obispos auxiliares en Barcelona.

En principio, el nombramientos de auxiliares en Barcelona no tendría más trascendencia que dotar de una ayuda al arzobispo diocesano. De auxiliarlo. En algunos casos, la tarea de los auxiliares se ha limitado a enviarles a confirmar o a delegarles la presidencia de celebraciones cuando la agenda del arzobispo no se puede estirar más. Pero no siempre ha sido así. Y sobre todo ha terminado teniendo repercusiones en el conjunto de las diócesis catalanas.

Hagamos un repaso de la época más contemporánea. Después del Vaticano II el nombramiento de obispos auxiliares se limitó al arzobispado de Barcelona, ​​la diócesis más grande de Cataluña que llegó a agrupar el 60% de la población catalana antes de su partición en 2004. Antes había habido en Tarragona, como el mártir Manuel Borrás, el auxiliar del cardenal Vidal i Barraquer asesinado en 1936. Pero los últimos años los auxiliares se suelen destinar sólo a las diócesis más grandes en las que el arzobispo no llega en todas partes.

Narcís Jubany

En la época conciliar Barcelona tenía de auxiliar a Narcís Jubany, nombrado el 24 de noviembre de 1955. Durante el Concilio fue trasladado a Girona, en 1964. Y de allí vuelve a Barcelona en 1971 como arzobispo y luego cardenal. Por lo tanto, ya tenemos el primer auxiliar que ha sido determinante para la Iglesia en Cataluña y que marcó la renovación posconciliar desde Barcelona durante los veinte años que lideró la diócesis. También fue un obispo determinante en la transición política alineado (con matices) con el taranconisme. Después, como les pasó a otros obispos, la etapa de Juan Pablo II le cogió con el paso cambiado y no pudo liderar su sucesión.

Pocos años después de que Jubany sea trasladado a Girona en 1964, mientras Barcelona no cuenta con ningún auxiliar, en 1967 llega el polémico nombramiento de Don Marcelo González. Un arzobispo alejado de la tradición catalana que motivó la campaña "Queremos obispos catalanes". Es el último obispo que no hablaba catalán que ha sido nombrado en Cataluña.

Cuatro auxiliares de una tacada

Cuando el Vaticano, el mismo Pablo VI, y la nunciatura de Dadaglio se dieron cuenta de el error, optaron por una solución salomónica. Esperar cuatro años para remover Don Marcelo pero mientras tanto nombrar cuatro obispo auxiliares que alegren la vida diocesana y dieran al arzobispo las claves de interpretación del momento que vivía la sociedad catalana. Así el 22 de octubre de 1968 se nombran de una tacada Ramon Torrella, Ramon Daumal, Josep Capmany y Josep Maria Guix, cuatro sacerdotes barceloneses, el último con raíces en Solsona.

También, esta alta productividad de auxiliares se explica porque era la estrategia que tenía el nuncio Dadaglio para saltarse el derecho a presentación de obispos. Franco podía vetar los obispos residenciales, pero no podía oponerse al nombramiento de auxiliares. Así, llenando de auxiliares la Conferencia Episicopal Española, el nuncio podía compensar el enrocamiento de los obispos que aún levantaban el brazo ante el dictador.

Jubany vuelve a Barcelona como arzobispo en 1971. Y de los cuatro nuevos auxiliares de Barcelona, ​​dos terminaron siendo obispos de otras diócesis catalanas. Una parte de la explicación es que Jubany no contaba mucho con los obispo auxiliares. Y malas lenguas dicen que su teoría era que prefería vicarios episcopales, que si quería podía cambiar. En cambio, los auxiliares, si no los cambian de diócesis, se quedan allí para toda la vida.

Lo que pasó es que en 1983 Guix fue nombrado obispo de Vic y Torrella (después de una temporada en la Curia romana) fue nombrado arzobispo de Tarragona. Capmany continuó de auxiliar hasta su jubilación, pero estuvo principalmente dedicado a las Obras Misionales Pontificias con su Madrid. El buen Daumal continuó en Barcelona hasta su jubilación en 1987.

Aquel año, cuando sólo queda Capmany de auxiliar, Jubany cuenta con Lluís Martínez Sistach. Hombre de curia y de Derecho Canónico, es nombrado auxiliar el 6 de noviembre de 1987. Con 50 de edad inicia una larga carrera episcopal.

Cinco auxiliares de Carles

Cuando en 1990 Jubany es sustituido por Ricard Maria Carles, Barcelona cuenta con dos obispos auxiliares: Sistach, destinado principalmente a la curia, y Daumal, a punto de jubilarse.

Sistach y Carles, hasta entonces obispo de Tortosa, se conocen desde hace más de veinte años. Sistach era secretario de la Conferencia Episcopal Tarraconense y mantenía una estrecha relación con todos los obispos. Carles le hace confianza y un año más tarde lo promueve a Tortosa para sucederle. De Tortosa, en 1987 Sistach pasará a ser el arzobispo de Tarragona, en 2004 el arzobispo de Barcelona y en 2007 elevado a cardenal. Una "carrera" paralela a la de Jubany en la siempre se ha reflejado.

Así, en mayo de 1991, cuando Sistach marcha en Tortosa, Barcelona queda sólo con un auxiliar, con Daumal, que se jubila el mismo año.

Y la historia se repite. El nombramiento de un valenciano en Barcelona, ​​que no era quien esperaba la corriente central conciliar de la Iglesia catalana, hace pensar que una buena estrategia es rodearlo de un equipo episcopal. Así, en dos años se nombran cinco obispos auxiliares, todos sacerdotes de Barcelona. Un récord.

El 16 de Julio de 1991 se nombra a Joan Carrera y Carles Soler i Perdigó. Y el 9 de junio de 1993 a Pere Tena, Jaume Traserra y Joan-Enric Vives. El curso de 1991 y de 1993 se abre en septiembre en Barcelona con multitudinarias ordenaciones de obispos auxiliares.

También malas lenguas dicen que Tena no estaba previsto en este paquete de auxiliares. En ese momento el experto liturgista estaba en Roma trabajando en la Congregación para el Culto Divino, pero por un cambio de orientación en la ortodoxia litúrgica lo facturaron a Barcelona. En todo caso, quien salió ganando fue Barcelona, ​​que lo tuvo como auxiliar hasta el 2004. En realidad, no se jubiló nunca hasta su muerte.

Segunda centrifugación episcopal

Con esta profusión de auxiliares se creó un modelo de gobierno singular. El territorio diocesano se dividió en cinco partes y en cada demarcación se puso un obispo al frente. En el Baix Llobregat y Penedès (el territorio de la actual diócesis de Sant Feliu de Llobregat), Joan-Enric Vives. En el Vallès (la actual obispado de Terrassa), Carles Soler. En el Maresme, Joan Carrera. Y la ciudad de Barcelona se dividió en dos sectores, uno con el obispo Tena y el otro con Traserra. Estas tres últimas demarcaciones son las que integran actualmente el arzobispado de Barcelona.

Y la cosa funciona hasta que se estropea. Esto ya no son malas lenguas y hay libros escritos sobre el tema. La confianza entre Carles y sus auxiliares se va rompiendo. Carles cree que los auxiliares son demasiado autónomos en su territorio, pero él mismo no tiene suficientes elementos y conocimientos de la diócesis para evitarlo. También cree que no lo defienden de manera suficiente ante los sacerdotes cada vez más críticos con su talante episcopal. Y en el año 2000 se junta con una crisis, aireada en todos los medios de comunicación, con el obispo Joan Carrera, que era el hombre fuerte de la curia.

Cuando Carrera abandona la curia es sustituido por un sacerdote de confianza de Carles, Josep Àngel Sáiz Meneses. Y empieza una nueva centrifugación episcopal. En 2001, en junio, Vives es nombrado coadjutor y futuro obispo de Urgell; en julio, Traserra es nombrado obispo de Solsona; y en octubre, Soler Perdigó es nombrado obispo de Girona. El mismo 30 de octubre de 2001 Sáiz es nombrado nuevo auxiliar de Barcelona.

En un tiempo récord, salen tres y entra uno. Así Carles se queda con un auxiliar de confianza gobernando la curia, Sáiz, y dos auxiliares, que van pasando.

Tena y Carrera, se siguen dedicando a su demarcación pastoral. Tena, además volcado en el estudio y la divulgación litúrgica, que es su vida. Y Carrera, como hombro en el que pueden llorar todos los que no comulgan en la línea del cardenal Carles. Carrera, como hizo toda la vida, intenta limar aristas.

Sequía de auxiliares

El caso de Joan Carrera merecía un libro aparte. Técnicamente no deja de ser un auxiliar más de Barcelona con poco recorrido eclesiástico y que incluso queda apartado del gobierno diocesano buena parte de su episcopado. Pero, en cambio, es uno de los obispos catalanes que ha tenido más influència. Ya antes de ser obispo como redactor no confeso de Raíces Cristianas de Cataluña, y como puente entre la Iglesia y la sociedad civil. Fue uno de los obispos más reconocidos y escuchados por la sociedad catalana. Y sólo era un auxiliar.

Y en 2004 llega Sistach. Es la historia reciente más conocida. El nombramiento de Sistach como arzobispo de Barcelona el 15 de junio de 2004 coincide con la división de la diócesis con la creación del obispado de Sant Feliu de Llobregat y de Terrassa. En Terrassa, se nombra a Sáiz, auxiliar que también era candidato para suceder Carles en Barcelona. El mismo día llega la jubilación de Pere Tena. Por lo tanto, la nueva diócesis de Barcelona, ​​ahora reducida de 4 millones de habitans a 2,5, queda sólo con un auxiliar, Joan Carrera.

Aquí comienza una historia que aún nadie ha explicado. El no nombramiento de auxiliares durante la etapa del cardenal Martínez Sistach. A pesar de ser una diócesis más pequeña sería razonable pensar con algún auxiliar más, sobre todo atendiendo a las dedicaciones vaticanas del cardenal. ¿No nombraron más porque Sistach no quería? ¿Porque Rouco le tumbaba todos los candidatos? ¿O por las dos cosas? ¿Era sólo una repetición de la estrategia de Jubany?

En cualquier caso, Carrera continuó como único auxiliar de una gran diócesis como Barcelona, ​​mientras florecían auxiliares en Madrid que Rouco iba colocando poco a poco en otras diócesis españolas. Cataluña se iba llenando de obispos valencianos y no se regeneraba la cantera episcopal catalana. Esto también acabó dificultando la disponibilidad de obispos catalanes con una cierta trayectoria como candidatos a suceder Sistach en Barcelona.

Barcelona y Terrassa

Así, Carrera fue el solitario obispo auxiliar de Barcelona hasta su muerte en 2008, cuando había sobrepasado con más de tres años su edad de jubilación. No es hasta tres meses después de la muerte de Carrera, el 28 de enero de 2009, cuando llega el nombramiento de Sebastià Taltavull como obispo auxiliar de Barcelona. En los 12 años de episcopado de Sistach, sequía total. Sólo un auxiliar procedente de Menorca. En  este período, el 18 de mayo de 2010, es nombrado obispo auxiliar de Terrassa Salvador Cristau. Barcelona, 1. Terrassa-1. 

Desde 2010, la foto fija es que Barcelona cuenta con un auxiliar, y Terrassa con otro. Sant Feliu, una diócesis con los mismos habitantes que Terrassa, no tiene ninguno.

La llegada a finales de 2014 de Juan José Omella en Barcelona, hasta ahora no ha cambiado las cosas. Omella tiene la dificultad añadida de que no conoce el clero de la diócesis ni de Cataluña y, por tanto, necesita tiempo para conocerlos y ver con quien puede confiar.

Nuevos auxiliares

Ahora parece que ha llegado el momento. Precipitado también por el hecho que desde septiembre de este año Taltavull combina su tarea de auxiliar a Barcelona con la de administrador apostólico de Mallorca. Así, desde hace casi un año, Barcelona sólo tiene medio auxiliar y un arzobispo neocardenal que cada vez pasa más horas en el avión viajando a Roma.

Es razonable, pues, que lleguen ya nuevos auxiliares para Barcelona. Nombramientos que se espera que se hagan públicos este lunes.

Veremos qué modelo se impone. Si el cultivo intensivo de la época González-Carles, o el goteo de Jubany-Sistach. Y sobre todo veremos qué impulso se quiere dar al gobierno diocesano, sobre todo teniendo en cuenta que Omella, con 71 años, no tiene mucho tiempo para hacer experimentos. O si sólo vamos tirando.

Una cuestión catalana

Por otra parte, el nombramiento de obispos auxiliares es una noticia para Barcelona pero, como muestra el recorrido descrito, tiene repercusión para el resto de obispados catalanes. Tarragona, Girona, Urgell, Solsona, Vic, Tortosa y Terrassa tienen o han tenido obispos que fueron antes auxiliares de Barcelona. Siete de los diez obispados catalanes. Y dos de estos auxiliares han vuelto a Barcelona como arzobispos y luego cardenales: Jubany y Sistach.

Ciertamente, y de eso se quejan otros obispados. Esta cantera ha limitado el número de obispos surgidos del clero de otras diócesis catalanas. De los 13 auxiliares que ha tenido Barcelona desde 1955, sólo uno era de otros obispado, Taltavull de Menorca, una diócesis muy vinculada con la Tarraconense. Jubany, Guix, Torrella, Daumal, Capmany, Sistach, Carrera, Soler, Tena, Traserra, Vives y Sàiz, eran sacerdotes diocesanos de Barcelona. De estos 13, sólo cuatro se han jubilado sin moverse de Barcelona Daumal, Capmany, Carrera, y Tena.

Pero también es cierto que es lo que proporcionado una cantera de obispos formados en los seminarios catalanes, excepto en el caso de los tres últimos nombramientos: Sàiz y Cristau (formados en Toledo) y Taltavull (de Menorca).

Un termómetro episcopal

También podrían quejarse los religiosos. Desde 1935 no se nombra un religioso como obispo de una diócesis catalana. Concretamente Salvi Huix, felipense, obispo de Lleida asesinado cruelmente en 1936. Vic contó también con un religioso, el obispo Joan Perelló, Misionero del Sagrado Corazón de Jesús, nombrado en 1927 y que murió como obispo en 1955. Desde entonces, nada. Lo que nos hemos perdido no contando con los religiosos. Port otra parte, el único nombramiento episcopal interesante que ha promovido en España el actual nuncio Renzo Fratini es el de un religioso, el claretiano Luis Ángel de las Heras en Galicia.

Finalmente, también nos hemos perdido algunos de los eternos nombres que han sonado como obispos y nunca han llegado a serlo. También es cierto que si bien faltan vocaciones al sacerdocio, nunca han faltado vocaciones al episcopado. Y no siempre se ha tenido acierto en separar el grano de la paja.

Los nombres que salgan para nuevos obispos auxiliares y el tiempo dirá si Omella ha podido captar con poco margen con qué clero puede contar. Será un buen termómetro. Si ha tenido olfato para separarlos de los que tienen como afición principales cepillar al obispo de turno para ver qué cargo pilla. Y si nos deja una buena cantera episcopal catalana en sintonía con la Iglesia periférica del papa Francisco. Sintonía que la mayoría de la Iglesia catalana ha tenido antes de Omella y antes del mismo papa Francisco.