Ya me perdonarán, pero desconozco cuáles son “las acciones contrarias y limitativas de la libertad religiosa” que, al parecer, se estaban preparando en Vic y que han llevado al obispado a suspender la misa de fiesta patronal y el resto de actos religiosos de este sábado en honor a San Miquel dels Sants. Pero creo que aquí no hay un tema de limitación de la libertad religiosa.
Es muy cierto que, cuando hay una polémica que daña a la Iglesia, siempre hay sectores anticlericales dispuestos a avivarla y a hacer gran alboroto. Una especie de inquisición laicista que tiene potentes altavoces y seguidores bastante sectarios. Son los que, de entrada, ya creen que no hace falta celebrar (ni asistir a) la misa de fiesta patronal en nombre de una laicidad mal entendida que solo se aplica a los actos católicos. Estos estarán bien satisfechos: se ha suspendido la misa.
Pero la polémica sobre la presencia del arzobispo Luis Argüello en la misa no surge de aquí. Prueba de ello es que, si la misa la hubiera presidido el obispo Romà Casanova —una persona amabilísima, pero que tampoco sería precisamente un defensor del aborto ni del sexo libre, y sus homilías no creo que sean del gusto de los marxistas-leninistas que pueda haber en Vic—, la misa se habría celebrado con normalidad.
El problema creo que radica en la idea que a veces tenemos sobre la misa patronal. Y no hablo solo del caso de Vic. La misa patronal, evidentemente, es un acto católico porque es una misa, pero lo que tiene de singular es que no es un acto solo para los católicos. Es un acto en el que, más allá de las creencias e ideologías, debe sentirse acogido y representado todo el pueblo. Y, desde el punto de vista de la Iglesia, es una oportunidad de oro para acercarse al pueblo. ¡Cuántos sermones de fiesta mayor hemos tenido que escuchar en que se ha malgastado esta oportunidad!
cualquier otra dignidad eclesiástica invitada a presidir la misa no habría sido un problema
En el caso de Vic, cualquier otra dignidad eclesiástica invitada a presidir la misa no habría sido un problema. En Catalunya hemos tenido actos presididos por altas jerarquías mucho más retrógradas. El problema es que Argüello ha utilizado expresiones muy y muy desafortunadas cuando ha hablado de temas en los que la Iglesia mantiene una posición moral que choca con el pensamiento contemporáneo. Que, como presidente de la Conferencia Episcopal Española, asiste a actos con el presidente de VOX. Que se carga la amnistía sin tener presente que es un hecho con un amplio consenso dentro de la sociedad catalana, más allá de ideologías y posicionamientos nacionales. Y que se atreve a hablar de concreciones políticas y electorales que no están consensuadas con sus hermanos en el episcopado, como por ejemplo pedir elecciones anticipadas. Si este es su programa, no debería extrañar a nadie que no sea bienvenido a Vic para presidir la fiesta patronal, que es una fiesta de todos. Porque no habría pasado nada si hubiera ido a presidir un encuentro de monjas o una peregrinación diocesana.
Por eso creo que no es un tema de libertad religiosa; es un tema de la persona. Algunas de sus afirmaciones se han sacado de contexto y se han utilizado sesgadamente para avivar la polémica contra la Iglesia. Pero otras declaraciones y posiciones no se sostienen por ningun lado. Y, sobre todo, no generan el consenso, la concordia y el bien común de los que tanto gusta hablar a los obispos. Rechazar estas posiciones no ataca la libertad religiosa, al menos la mía.
Y así ha sido como la polémica ha salido de madre y se ha conseguido que este año en Vic no haya misa de la fiesta patronal. Cosa que no se había conseguido ni siquiera en poblaciones donde el Ayuntamiento había liderado una verdadera cruzada contra la misa. Pero, desafortunadamente, cada vez los conflictos se polarizan más y conducen a radicalizaciones sin salida. Una situación envenenada que seguramente ya no tenía solución. Aunque siempre se podrían buscar soluciones más imaginativas y quizás habría sido más sencillo solucionarlo con un oportuno resfriado provocado por estos días de aire acondicionado o con un imprevisto en la sufrida agenda del presidente de la Conferencia Episcopal. Aparentar que no ha pasado nada y darse tiempo para reconstruir puentes y encaminar consensos. Que bastant han sufrido ya las pinturas de Sert de la Catedral de Vic.