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Por Jordi Llisterri i Boix . Dom, 16/09/2012 - 15:25

Muy significativa es la referencia a la multitudinaria manifestación del 11 de septiembre en el Osservatore Romano. Que tenga eco en un periódico con vocación internacional y con pocas páginas es una demostración más del impacto de la manifestación más masiva que ha habido nunca en Cataluña.

Pero el enfoque explica mucho de cómo llegan las noticias de Cataluña al Vaticano. En una columna en la página 2 fechada en Madrid, el tema se presenta como un enfrentamiento entre el gobierno español y el catalán por la financiación y, de paso y hacia el final, se dice que "un milione e mezzo di persone hanno inscenato una manifestazione indipendentista". Y punto. Un poco en plan TVE.

Debemos esperar, más allá del informador de L'Osservatore en Madrid, que la famosa diplomacia vaticana tenga fuentes más diversas de información. En la Secretaría de Estado hay suficiente materia gris para poder comprender que lo que pasó el 11 de septiembre en Barcelona es algo más que un problema entre Mas y Rajoy.

Y es que por mucho que se quiera explicar mal, la movilización del día 11 también muestra al Vaticano que el factor nacional e identitario no es un elemento residual en la sociedad catalana. Una manifestación llena de familias, niños, jóvenes, ancianos ... y donde incluso -como pude comprobar- las consignas más agresivas o antiespañolas no tuvieron excesivo predicamento. Tampoco es casual que encontrara varias personas que conozco de ambientes eclesiales o sacerdotes que participaban públicamente a través de las redes sociales. Gente bien católica, apostólica y romana.

Si alguien les explica bien, es una muestra más que el nacionalismo catalán nunca ha sido excluyente (siempre hay alguna excepcion, igual que hay católicos intolerantes) y que es una expresión más del catalanismo que impregna de forma transversal la sociedad catalana. En definitiva, que aquí no somos los Balcanes; ni Kosovo, ni Montenegro.

Todo lo que conduzca a hacer entender esto, y la manifestación del día 11 es una buena foto, contribuye a comprender que el trato que debe recibir la Iglesia en Cataluña -leasé también nombramientos episcopales- no puede ir en contra de su arraigo y vivencia del hecho catalán. Cuanto más claro lo vean en el Vaticano, más fácil será que nos envíen obispos que se parezcan al talante cívico y oxigenado del país, en lugar de creer que convertirán a los catalanes a mamporrazos o desde una trinchera. Y no sólo pongo el acento en la política, sino en la manera de ser y de hacer.

Como se dice en el NYT, el Vaticano también cometería un "dramático error" si no quisiera escuchar lo que pasa en Cataluña y fuera enfrentarse a ello en lugar de asimilarlo, haciendo caso a quienes quieren utilizar a la Iglesia como agente para cambiar políticamente la sociedad catalana.

La presencia del cardenal Bertone el próximo día 25 en Barcelona para recibir el Premio Godó, es una buena ocasión para mostrarlo amablemente una vez más.

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