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Me van a perdonar que parezca que quiera echar agua al vino. Pero esto de las mujeres diaconisas no llegará en cuatro días. Este jueves el Papa Francisco abrió una nueva puerta: estudiar el tema de la mujeres diaconisas. Muy bien. Pero el tema tiene un recorrido complejo.

El punto de partida es que está sobradamente documentado que en la tradición inicial de la Iglesia había diaconisas. El tema no es nuevo. Y lo que tenemos en este momento es que al diaconado se accede mediante la ordenación, sea de manera permanente en el caso de los hombres casados ​​o como paso previo a la ordenación sacerdotal. La diferencia más visible es que los diáconos no presiden la Eucaristía, y por tanto, no pueden consagrar; y tampoco confesar. Pero si que presiden otros sacramentos y celebraciones como el matrimonio, el bautizo o los funerales. (Debe hacerse notar que siempre hablamos de la Iglesia de rito latino, y que dentro del mismo catolicismo también hay excepciones a esta disciplina).

Pero la diferencia entre el diaconado y el sacerdocio no está solo en la lista de sacramentos aplicables, sino en la función que realizan. Diaconado, de diaconía, se refiere a un servicio, en este caso un servicio a la comunidad y en la predicación. Lo llaman una llamada a servir (que dicho sea de paso, no se debe confundir con una llamada a figurar o en mariposear por el altar).

Así, aquí ya se dibujan dos rutas. Una sería la más simple: ordenar diaconisas. Si ya ha habido diaconisas, se vuelven a ordenar y que hagan lo mismo que los hombres diáconos. Y la otra ruta sería la más matizada: restaurar una diaconía femenina. Si ya ha habido mujeres diaconisas, estudiemos cuál podría ser su servicio, si sería el mismo que el del diaconado masculino, e incluso si es necesario ordenarlas para hacer este servicio y, por tanto, si también podrán administrar sacramentos. Es decir, distinguir entre una diaconía femenina y el diaconado como forma de ministerio actual.

No hace falta ser doctorado en teología por entender que detrás de las dos posibilidad se atrinchera una opción eclesial con una gran carga de profundidad. El diaconado femenino rompe un esquema milenario que entiende que las mujeres no tienen espacio en el ministerio, reservado al hombres porque hace dos mil años en la Santa Cena las mujeres se quedaron en la cocina. En cambio, la diaconía femenina sería una manera de visualizar y reconocer un servicio dentro de la Iglesia, pero aun pudiendo administrar algunos sacramentos no tendría nada que ver con el sacerdocio.

¿Y que ha dicho el Papa Francisco? Pues que se teine que estudiar. El tema salió este miércoles en un encuentro con las superioras de las órdenes femeninas. Hay que leer todo el texto de la reflexión que hace el Papa, en el que ya introduce estos elementos: "¿Qué eran esas diaconisas? Estaban ordenadas o no? ¿Cuál era el papel de las diaconisas en aquel tiempo? Es algo que no está claro".

Pero creo que si el Papa hace notar esto no es para echar agua al vino. Lo hace, como él mismo explica, para dar más peso a un proceso de discernimiento respecto que una decisión que no se toma con un decreto. Nada muy diferente a lo que se ha hecho en los últimos tres años con el tema de la familia: ver hasta qué punto está maduro un posible cambio de disciplina. Y, en el caso de la familia, se ha visto que por ahora sólo se podía aspirar a un cambio de actitud y a respuestas nuevas hacia las situaciones "irregulares". Que es mucho, pero no es un gran titular.

Por ello, es significativo ver las primeras reacciones al compromiso del papa crear una comisión sobre de las diaconisas. Desde los dicen que el Papa sólo habla de una especie de estudio epistemológico sobre la diaconía femenina en el pasado para poder encuadernar y ponerlo en una estantería. Hasta los que creen que el Papa ya piensa en un paso previo a la ordenación de las mujeres. Se ha abierto un nuevo frente.

Francamente, no tengo ni idea de hasta dónde quiere llegar Francisco. Pero hay dos cosas que me llaman la atención.

La primera, más evidente, es que la respuesta del Papa fue en un encuentro con 800 religiosas de todo el mundo en las que algunas tenían las preguntas preparadas y que ya se conocían antes. Por lo tanto, no fue una improvisación como las que puede haber en una rueda de prensa cuando alguien saca un tema inesperado.

Y la segunda, un detalle que en su momento me pasó desapercibido. El mes pasado, el día que se presentaron Amoris Leatitia con las conclusiones del Sínodo de la Familia, el veterano vaticanista Luigi Accattoli estaba en Barcelona en un encuentro con periodistas en la Fundación Joan Maragall. Valorando la agenda reformista del Papa soltó: " ...y ahora sólo le queda el tema del diaconado femenino". Pensé que ponía este ejemplo como podría poner el del celibato sacerdotal o cualquier otro de los temas cerrados que un día serà necesario abrir. Pero no era así. Sabía de qué hablaba.

Son dos indicadores que muestrar que el tema del diaconado femenino está en la agenda del papa. Planificat desde hace tiempo dentro de su programa de reforma en el que sobre todo quiere abrir nuevos procesos y nuevas formas de hacer dentro de la Iglesia.

En el mismo discurso del jueves, Francisco remarcaba que sólo un 60% de las parroquias del mundo tienen Consejo Pastoral, aunque es obligatorio según el Código de Derecho Canónico para que la gestión de una parroquia no quede sólo en manos del rector. También hay que recordar que todavía hoy en la mitad de las diócesis del mundo no hay ningún diácono casado, aunque hace cincuenta años que el Vaticano II recuperó esta posibilidad. Y como ejemplo reciente, estos días he estado en el Vaticano en un congreso de una fundación pontificia organizado por laicos. Casi cuarenta conferenciantes. Mujeres, ni una. Ni había nada que lo prohibiera, ni nadie hizo notar ningún malestar por esta ausencia. Tres ejemplos que las normas ayudan, pero no sirven si no cambian mentalidades.

El papa tiene muy claro que no es suficiente en cambiar una norma para cambiar las cosas. En este caso, el papel de las mujeres dentro de la Iglesia. Pero en este caso creo que hay más posibilidades de que concluya de una manera más visible en poco tiempo. Aunque no será pasado mañana.