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Me van a perdonar porque soy de los que cree que de todo se puede hacer humor, empezando por uno mismo. Aquello tan catalán de "riure's del mort i del qui el vetlla".Y, en general, en la Iglesia todo lo hacemos demasiado serio. Como si la trascendencia no pudiera sonreír. El problema es que no de todo se puede hacer el mismo humor. Los temas delicados piden un humor inteligente. Una ironía fina pot ser una arma destrucció massiva que posi en evidència les injustícies. Pero no un humor burdo o basado en tópicos trasnochados. Y a menudo la religión -y en nuesto caso el cristianismo- es víctima de este último tipo de humor.

Por eso este lunes me molestó la broma matinal en el espacio de humor de El Matí de Catalunya Ràdio con una frase ciertamente chocante del papa Francisco sobre las monjas curiosas (Minuto 44:45) Luego en la tertulia se presentó como una frase machista, como si el papa no las hubiera tirado bien gordas contra sacerdotes, obispos y la misma curia vaticana. ¿Por qué digo humor burdo? Porqué la broma se basaba en la idea simplista de que las monjas secuestran bebés y que la cúpula del Vaticano no dice nada de los abusos a menores y mira hacia otro lado. Si no es burdo, por lo menos es desinformado. También últimamente hemos podido escuchar en los medios públicos bastantes bromas presentando los profesores de los Maristas o los sacedotes en general como una asociación criminal de pedófilos.

No se puede cargar precisamente a este papa la culpa de haber mirado hacia otro lado sobre los abusos a menores. Ante una injusticia siempre se puede hacer más, pero la implicación del papa Francisco se demuestra con las directrices que ha implantado desde el Vaticano. Y tampoco se le puede negar el propósito de enmienda. Esta semana Francisco pidió perdón por una expresión desafortunada que él mismo había pronunciado al respecto y que pareció ofensiva a las víctimas.

El humor puede molestar, y seguramente debe hacerlo, pero no ofender o estereotipar.

Pues bien. Este martes, también en el espacio de humor de El Matí de Catalunya Ràdio, hicieron una broma sobre otro tema: el ERO que puede dejar sin trabajo a casi la mitad de los trabajadores de El Periódico (Minuto 42:40). La broma tampoco estaba muy trabajada pero -y esto sí que es plenamente opinable- no la encontré ofensiva. El caso es que al cabo de pocos minutos Mònica Terribas interrumpió la tertulia para pedir disculpas "a los compañeros de El Periódico". Disculpas porque era un tema que implica el drama de la pérdida de puestos de trabajo y "nadie de esta casa puede alegrarse de situaciones difíciles". Media hora después reiteró de nuevo las disculpas en antena porque "el tema no es ninguna broma y con esto no hacemos humor".

¿Cuál es la diferencia entre un caso y el otro? Primero de percepción. Lo que me ofende a mí puede no ofender a otra persona o viceversa. O la primera impresión puede ser una y, cuando lo escuchas de nueva y te pones en la piel del afectado, puede ser otra. Pero, como explicó la misma Terribas por antena, la gran diferencia es que en el segundo caso la había llamado pidiendo una disculpa el director de El Periódico (diario que, por cierto, últimamente ha sido muy crítico con los medios públicos catalanes).

Desconozco si el lunes un alud de católicos indignados colapsaron la centralita de Catalumya Ràdio o el Servicio de Atención a la Audiencia de la Corporación. Como desconozco si ningún representante institucional del Vaticano se molestó en llamar a Mónica Terribas para ver si se disculpaba dos veces.

Este miércoles, San Francisco de Sales, patrón de los periodistas, en las diversas celebraciones que se han hecho en los obispados catalanes se ha recordado la importancia de la ética de los medios y la responsabilidad de los comunicadores. Es cierto que la Iglesia española en este tema tiene los pies de barro. Pero no todos tenemos la culpa. Y como decía en la misa de San Francisco de Sales este miércoles en Girona el obispo Francesc Pardo, nos corresponde a todos "estar atentos y ser cuidadosos para que nuestros mensajes e informaciones se ajusten a la verdad y al respeto a las personas e instituciones ".

Por eso estoy de acuerdo con lo que decía Mónica Terribas. Hay temas de los que es mejor "no hacer humor". Pero esto vale para moros y cristianos. Determinadas bromas, ¿no ofenden y etiquetan a los más de mil sacerdotes que cada domingo abren las parroquias en Cataluña, a los seis mil religiosos y religiosas que promueven cientos de obras en todo el territorio, o a las once mil familias que hoy confían en las escuelas maristas? Seguramente se ofenden, pero parece que no se quejan.