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Me van a perdonar porque este artículo caducará en 24 horas. Pero estoy asombrado de cómo algunos han convertido la elección del nuevo presidente de la Conferencia Episcopal Española en una campaña política, mediática y digital. No descubriremos ahora que en los procesos de elección de estos cargos siempre hay intereses y poder. Pero en esta ocasión quizás ha llegado a extremos casi cómicos.

Ya me perdonará el cardenal Juan José Omella pero presentarlo como el nuevo Tarancón quizás sea exagerar un poco. O, para colocar un carca a la presidencia, llegar a decir que todos los obispos españoles actuales son hombres del papa Francisco es confiar demasiado en la escucha atenta de los hombres en el aliento del Espíritu Santo. Y pongo dos ejemplos de medios con influencia y solera en España. Ya no entramos en los blogs, subblogs o subportales que salpican de onanismo la red.

Este lunes y martes serán las votaciones de presidente de la Conferencia Episcopal Española. 87 obispos elegirán lo que les parezca más adecuado. Aunque se verá menos, será aún más significativo qué obispos cuentan con la confianza de sus compañeros a través de las elecciones al comité ejecutivo y las presidencias de las comisiones. La estructura que marca el día a día de la Conferencia Episcopal.

No tengo la más remota idea de si Omella será elegido presidente de la Conferencia Episcopal Española. Sería la primera vez que un obispo de Cataluña es elegido para representar a todos los obispos españoles. Tampoco tengo muy claro si esto sería bueno para Barcelona, que no es un obispado para gobernar a distancia o por delegación.

La información religiosa creo que puede influir. Poner los focos en lo que se considera relevante en una determinada línea eclesial o por los tiempos que vivimos. O analizar y intrepretar lo que ha pasado. Por eso también es buena la pluralidad informativa. Pero cuando jugamos a poner o quitar obispos o presidentes, no hacemos nuestro trabajo.