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1. Los asistentes se dan el signo de la paz en la misa, por ejemplo, de las 20 horas del sábado, 16 de agosto, en una población vallesana. Realizan este signo de manera sobria, cordial y sonriente sin ninguna conciencia de que sea un gesto profano, a pesar de la carta circular emitida por el cardenal Antonio Cañizares, prefecto de la Congregación vaticana para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos.

2. En esta celebración de este sábado se dan algunas situaciones que pueden romper algunos esquemas mentales. Un joven con síndrome de Down da la mano a media docena de personas, entre padres y hermanos. Una pareja, de hombre y mujer que conviven sin estar casados​​, se dan un beso en los labios. Una divorciada y su acompañante se dan dos besos en las mejillas. Un concejal soberanista da la paz a dos chicas de la inmigración latinoamericana. "La paz sea contigo", dice él. "Y contigo", responden ellas. Dos chicos gays se dan la mano con afecto y respeto.

3. La carta circular del cardenal Cañizares no dice nada de estas situaciones tan humanas que vive la gente, sean cristianos o no. La circular cardenalicia se limita a hacer una teología más bien abstracta y unas consideraciones casuísticas. Pero el cristiano cree que Jesús da su paz a todo el mundo. Al chico de síndrome de Down, a su familia, a la pareja que convive y se ama sin papeles, a la divorciada y su acompañante, al concejal soberanista, a las chicas latinoamericanas, a los gays y las lesbianas.

4. Muchas de estas personas están fuera de la legalidad estricta dominada por los poderes. Estan en la periferia, que diría el papa Francisco. Como la mujer cananea del Evangelio (Mateo 7, 21-28) de este 20 domingo del tiempo ordinario. Ella es rechazada por el orden establecido pero, a pesar de todo, se dirige a Jesús para plantearle un caso que afecta a su hija. Una vez más, Jesús saltándose legalidades, normas y casuísticas le dice a la cananea: "Mujer, ¡que grande es tu fe!". Y la mujer queda liberada y con paz en el corazón.