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3º Domingo de Pascua. Ciclo C.
Barcelona, ​​10 de abril de 2016.

¿Qué es lo más importante de esta narración?
Este fragmento da a entender y de una manera bastante clara que los primeros discípulos, el recuerdo de Jesús, incluso cuando hablan del Resucitado, es un recuerdo asociado a la firme convicción de que Jesús seguía muy cerca de ellos
–en el trabajo
–en las comidas
–en la oscuridad
–y hasta en el temeroso respeto que los hacía callar cuando estaban comiendo con el Señor.

El Resucitado comió repetidas veces con sus amigos. Pero nunca organizó un banquete para celebrar su triunfo.
¿Por qué?
Para que el Resucitado no representa el triunfo del poder, sino de la humanidad.
¿Y qué significa esto?
Significa que Jesús estaba convencido de que la felicidad de la vida que vence a la muerte no se obtiene mediante
–la chulería
–el boato
–la bomba llamativa y ostentosa.

Se obtiene en la intimidad y en la sencillez de la vecindad simplemente humano.
Preguntémonos ahora:
¿De qué somos amigos nosotros?
–¿Amigos del lucimiento y la exaltación personal?
–¿O bien amigos de un comportamiento humano llano, sencillo y al alcance?

Dios es la sencillez.
La mayoría de personas son la petulancia, la chulería y el ridículo más grotesco, más repelente.

¿Cómo vivimos nosotros?
¿Vivimos en la sencillez y el anonimato
o bien en la petulancia tonta de los que soplan el caldo frío?