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Domingo XXI del tiempo ordinario. Ciclo C.
Barcelona, ​​21 de agosto de 2016

Los Evangelios recogen un dicho de Jesús que seguramente repitió muchas veces.
Es un grito que resume la personal manera de ver la realidad.
Las fuentes lo han conservado según una doble versión.
La primera es radical y contundente: "Los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos."
La segunda es más suave y matizada: "Hay últimos que serán primeros y primeros que serán últimos."

¿Cómo ve la realidad Jesús?
Jesús ve la realidad con ojos inconformistas.
Las cosas no son como deben ser. Este orden de cosas actual no se ajusta a la verdad de Dios. Este mundo que estamos construyendo será sometido a una revisión a fondo: casi todo será al revés.

¿Qué sociedad conoció Jesús?
Jesús conoció una sociedad de patronaje en la que el patrón, es decir, el amo, domina y protege a sus clientes. Clientes que a la vez son patrones de otros subordinados.
Y en la cúspide de la pirámide social hay
–el emperador Tiberio
–Antipas
–y las familias herodianas.

Después vienen los terratenientes ricos y sus administradores y, más abajo
–los jornaleros
–los sirvientes
–y los esclavos.
–Y, por último, los que no tienen nada de nada.

Y lo mismo ocurre en el Templo, donde todos ocupan su lugar propio
–desde el Sumo Sacerdote
–los sacerdotes
–los levitas
–los funcionarios, hasta el pueblo y las mujeres.

Fuera quedan los excluidos.
Todo ello ha de sufrir, según Jesús, un revolcón total.

Nosotros, hoy, contemplamos la realidad jerarquizada según nuestros criterios y valoraciones que nos parecen normales.
Hay un Primer Mundo y un Mundo último.
Hay personas con papeles y derechos reconocidos y otros sin derechos ni papeles.
Hay personas respetables y gente despreciable.

También ante Dios cada uno debe ocupar su lugar: uno está en el centro, presidiendo la liturgia, y los otros más abajo. Y los pobres se quedan en la puerta.
Un día, todo esto será al revés.
La sentencia de Jesús sacude nuestra rutina y nos urge a buscar el Reino de Dios y su justicia.
Los que brillan, un día se apagarán en la oscuridad.
Los que parecen importantes, desaparecerán.
Cada uno ocupará su lugar. Se hará justicia. Dios impondrá su verdad. Así pensaba Jesús.

¿Cómo pensamos nosotros?
¿Qué hacemos nosotros?
¿Qué estamos dispuestos a hacer?

Lo que nos une a todos es la humanidad. No el dinero, no la propiedad.
Consecuencia práctica: seamos cada día más humanos, más personas, más comprensivos, más tolerantes. Con más capacidad de diálogo y con menos propensión al conflicto.
¿Realmente, lo somos?