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Domingo XX del tiempo ordinario. Ciclo C.
Barcelona, ​​14 de agosto de 2016.

Con Jesús no hay manera de confundirse ni de equivocarse.
Su palabra viva y penetrante
la frescura de sus imágenes y parábolas
su lenguaje concreto, imprevisible no engañan.

A Jesús le encanta vivir y hacer vivir.
Su pasión es la vida: la vida íntegra, poderosa, sana, la vida vivida en su máxima intensidad.
Yo soy la vida, nos dice. Yo he venido a traer fuego a la tierra. He venido para que tengan vida y la tengan en abundancia.
Jesús capta la vida desde sus mismas raíces.
Su mirada no está obsesionada por el éxito, lo útil, lo razonable, lo convencional.

Cuando se siente a Dios como Padre y a los demás como hermanos, cambia la visión de la realidad.
El primero es la vida feliz de todos por encima de creencias, costumbres, leyes.
Por eso, Jesús no se envuelve en teorías abstractas ni se ajusta a temas recluidos.
Su palabra desvela lo mejor que hay en cada uno.
Sabemos que tiene toda la razón cuando llama a vivir el amor sin restricciones. Jesús invita a transgredir hacia arriba los sistemas religiosos y sociales.
Cada vez más. Cada vez mejor. Su mensaje nos sacude, nos impacta, nos transforma.
Sus contemporáneos captan en Él una realidad diferente.
Jesús no fue primariamente ningún maestro de ningún credo verdadero ni de ninguna moral recta.
Más bien fue maestro de un estilo de vida nuevo, de un camino en continua transformación.

Las sociedades modernas siguen desarrollando ciegamente una vida muy racionalizada y organizada, pero casi siempre privada de verdadero amor.
Mandan el dinero y el hecho de competir, debemos ser pragmáticos.
No hay lugar para la inteligencia del corazón. Hay que ajustarse a las leyes del mercado.
Se planifica todo, pero se olvida lo esencial: las necesidades más profundas y entrañables de la persona humana.

El mundo actual necesita orientación. Las ideologías no dan vida.
Y lo que hoy más necesitamos es: una renovada confianza para transformar la vida y hacerla más humana.

Las religiones están en crisis, pero Jesús sigue vivo.
Jesús es el único hombre de toda la Antigüedad que no ha sido empequeñecido por el progreso.

Como creyentes y como ciudadanos tenemos que reaccionar.
Reflexionemos seriamente hacia dónde.

¿Cuál es el proyecto del evangelio?
Es el proyecto de la humanización basada sobre los dos pilares básicos del amor y de la libertad.
La mayoría de veces, este proyecto cuesta
–sangre
–sudor
–y lágrimas. Pero vale la pena.

¿Estamos convencidos, nosotros, de eso?
¿Estamos dispuestos a arriesgarnos a ella?