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Domingo XXXIII del tiempo ordinario. Ciclo B.
Barcelona, ​​15 de noviembre de 2015.

No les resultaba nada fácil a los primeros cristianos –como no nos resulta fácil a nosotros– perseverar fieles a Jesús.
Porque... ¿Cuando llegaría a implantarse el Reino de Dios? ¿Cuando dejarían de sufrir los pobres y desgraciados? ¿Cuando se acabarían los abusos y las injusticias de los poderosos y déspotas? Al terminar su escrito, Marcos quiso ofrecer a sus lectores la visión del Final.

Quería ofrecerles a ellos luz y esperanza.
Al final del final, Jesús "el hombre nuevo" pronunciará la última palabra, la definitiva y eterna.
La escena que Marcos nos dibuja y nos describe es grandiosa
–el Sol se volverá oscuridad: habrán acabado la luz y el calor
–la Luna no dará ningún resplandor: apagará para siempre
–las estrellas irán cayendo del cielo una tras otra
–las fuerzas del cielo temblarán: este mundo que parece tan seguro, estable y eterno se hundirá. Habrán acabado todos los imperios y todos los déspotas reinantes.

En medio de esta oscuridad total hará su aparición Jesús, el hijo del hombre, el hombre nuevo, el verdaderamente humano.
Todos lo verán venir con gran poder y majestad. Ya no habrá otros poderes ni otros imperios. Nadie le hará sombra como ahora. Él iluminará poniendo verdad y justicia en donde había mentira y abusos de todo tipo.
No habrá propiamente juicio.
Es suficiente verlo venir.
Es el hombre nuevo.
Todo quedará confrontado con Él.

Entonces se verá lo que es realmente una vida humana.
Entonces se verá dónde está la verdad y dónde la mentira.
Entonces se verá qnuie ha actuado con justicia y quien ha sido injusto e inhumano.
Entonces quedará patente la realidad tal como es.
Entonces las cosas y las personas quedarán ubicadas en su verdadero sitio. Se acabaron las trampas y los oportunismos.

Y se verá el valor último del amor.
Y se hará justicia a todas las víctimas inocentes:
–los muertos por desnutrición
–los esclavos
–los torturados
–las mujeres maltratadas por los machos bárbaros
–los excluidos de la fiesta de la vida
–los ignorados por todos
–los menospreciados y desgraciados
–los últimos de los últimos.

Y como nos dice otro texto cristiano, Dios creará un cielo nuevo y una nueva tierra en donde habitará la justicia eterna y el gozo permanente.
Entonces se verá que la manera más humana de vivir es trabajar por un mundo más humano y más al alcance de todos.
Esta vida, a veces tan cruel y tan injusta, pasará definitivamente.
En cambio, las palabras de Jesús no, porque son eternas y salvadoras.

Esta es nuestra certeza y esta nuestra esperanza que no se verán defraudadas.
Ahí está la tarea que Jesús nos propone a todos: la progresiva humanización
–de las personas
–de los grupos
–de las instituciones.

¿Qué es ser humano sino saberse poner en la piel del otro?
¿Lo sabemos hacer, nosotros?