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La Inmaculada Concepción. Ciclo C.
Barcelona, ​​martes, 8 de diciembre 2015.

¿Qué nos recuerda la fiesta de la Inmaculada?
Nos recuerda uno de los dogmas que la Iglesia nos enseña sobre María, la madre de Jesús.
Este dogma fue definido por el papa Pío IX, el 8 de diciembre de 1854. Y nos indica la singular santidad de María, liberada del pecado original en atención a los méritos de Cristo.

Independientemente de lo que podamos pensar sobre este tema, hay algo claro: la ejemplaridad de María, motivo de piedad sincera y motivo de devoción profunda. Y, sobre todo, de conducta ética, en una vida regida por la generosidad y por el amor fraterno.

Este dogma fue definido tras largas discusiones.
Necesitamos evitar dos interpretaciones incorrectas posibles de este dogma.

Debemos recordar que "el pecado original" es la denominación que la teología ha dado a la limitación inherente a la condición humana.
¿Cómo se manifiesta esta limitación?
Se manifiesta en la privación de la gracia querida por Dios, en cuanto que lo que rige nuestro comportamiento habitual no es el amor sino los egoísmos y su ley antes despótica y humillante.

La otra interpretación incorrecta del dogma es la que presupone el "puritanismo griego" como criterio determinante del pecado original.
Para los griegos era la pureza y no la justicia el medio cardenal de Salvación.

¿Qué es lo que realmente nos santifica y nos acerca a Dios? No es la pureza de los ángeles. Es nuestra identificación con el sufrimiento de las personas.
Esta es la clave del verdadero acercamiento a Dios.

¿Realmente, lo somos, nosotros, de solidarios con los que lo pasan mal?
María Santísima lo era.

Y nosotros, ¿lo somos?