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Domingo XXIV del tiempo ordinario. Ciclo C.
Barcelona, ​​11 de septiembre de 2016.

Todo el capítulo 15 del Evangelio de Lucas está dedicado a explicarnos la actitud de Dios ante los perdidos.
Lucas lo explica agrupando tres parábolas de Jesús:
–la oveja perdida
–la moneda extraviada
–y el hijo perdido que llamamos 'pródigo'.

La idea central de todo el capítulo es que el Padre de Jesús no mira a los pecadores como perversos sino que los ve como perdidos o extraviados, es decir, como algo muy querido que se pierde: pierde el Norte y el camino.
Algo que se estima tanto que al reencontrarlo se lo abraza y se lo festeja.

¿Qué quiere decir esto?
Quiere decir que el Dios de Jesús
–no juzga
–no rechaza
–no censura
–no echa en cara nada de nada.

El Padre que nos manifiesta Jesús
–siempre comprende
–siempre acoge
–siempre se alegra sea cual sea la situación del perdido.

¿Qué hacen las religiones?
Las religiones mantienen y potencian su autoridad presionando sobre las conciencias.
Para ello utilizan un instrumento potentísimo: el pecado presentado como perdición, como perversidad, como extravío que Dios condena y castiga.
Y, para conseguirlo
–manipulan los sentimientos de culpa
–tormentan las conciencias

Y, incluso, se sirven de sentimientos mágicos relacionados con
–el manchado
–el impuro
–o el sucio

Y lo peor del caso es que hay en la tierra representantes de Dios y censores de la religión que en las sociedades religiosas tienen un poder muy fuerte que ejercen
–para condenar
–para rechazar
–para marginar
–para excluir
intentando, incluso, que los pecados religiosos sean también delitos castigados por los poderes públicos con leyes y penas que no dudan en invadir la vida privada de las personas.

Jesús rompió con todo esto.
Se hizo amigo de pecadores y de perdidos y compartió mesa con ellos.
Por eso escandalizó a los fanáticos de la Ley.

Pero, también por eso, abrió tantos horizontes
de esperanza
de bondad
y de humanidad.

¿Son realmente estos nuestros horizontes habituales?
Horizontes de esperanza
y de bondad
y de humanidad.