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Domingo XXII del tiempo ordinario. Ciclo C.
Barcelona, ​​28 de agosto de 2016.

En los años posteriores al Concilio se hablaba mucho de "la opción preferencial por los pobres".
La teología de la liberación estaba entonces viva. Parecía que los cristianos queríamos escuchar de verdad la llamada del Evangelio a vivir al servicio de los más desgraciados del mundo.
Lamentablemente las cosas han cambiado. Algunos piensan que la opción preferencial por los pobres es un lenguaje peligroso inventado por algunos teólogos y trufado de marxismo. No es eso ni es así.

La opción preferencial por los pobres es una consigna que salió de lo más íntimo de Jesús.
Según San Lucas estas fueron sus palabras: "Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, a tus hermanos, a tus parientes o a tus vecinos ricos; porque ellos a su vez te invitarán, y quedarás así recompensado. Al contrario, cuando des una fiesta, invita a los pobres, a los inválidos, a los cojos y a los ciegos; así serás feliz, porque ellos no te pueden pagar, pero tú recibirás tu recompensa cuando los justos resuciten."

¿Se deben tomar en serio estas provocativas palabras de Jesús?
¿Lo dice de verdad o es una manera de impactar los oyentes?

Jesús habla de invitar a los excluidos, los marginados y desamparados. A ellos dedica la vida y los esfuerzos. Jesús sabe bien que esto no es nada habitual.
Los pobres no tienen medios para corresponderte con cierta dignidad.
Los lisiados, cojos y ciegos sencillamente no pueden.

Jesús habla en serio.
Lo prioritario para quien quiera seguirle no es privilegiar la relación con los ricos olvidando los pobres.
Quien escucha el corazón de Dios comienza atendiendo a los más necesitados.
Esta es nuestra responsabilidad de personas y de creyentes.

¿Lo asumimos?
o bien,
no lo asumimos?

Mirad: somos más propensos a las excusas fáciles que al verdadero compromiso.
¿Cuál fue el proyecto de Jesús?
Acabar con la sociedad desigual, es decir: injusta a los ojos de Dios.
Jesús vio claramente que lo más eficaz era cortar de una vez con la estratificación de los selectos y los vulgares que siempre se ha hecho y que todavía se hace.
De ahí el intento de Jesús de poner los últimos en el lugar de los primeros. Y a la inversa.
Lo que Jesús quiere es que nuestra tendencia sea a poner en el lugar principal los últimos y los pobres. Los verdaderamente más necesitados.

Si hacemos esto, si actuamos así estamos dando el paso decisivo para conseguir una sociedad igualitaria en la que todos seamos
–verdaderos hermanos
–personas humanas
–buena gente de verdad.
Todo lo que no sea eso, son engaños y excusas de mal pagador.