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5º Domingo de Cuaresma. Ciclo B
Barcelona, ​​22 de marzo de 2015

En el Evangelio hay frases radicales y desafiantes pero pocas como esta: "Os aseguro que si un grano de trigo no cae en la tierra y muere, seguirá siendo un solo grano; pero si muere, dará fruto abundante."
La idea de Jesús es bastante clara.
Con la vida pasa lo mismo que con el grano de trigo: debe morir para liberar toda su energía y producir un día fruto.
Si no muere, queda solo en el suelo.
Si muere, vuelve a alzarse llevando nuevos granos y nueva vida.

Con este lenguaje tan gráfico y lleno de fuerza, Jesús deja entrever que su muerte, lejos de ser un fracaso, será precisamente lo que dará fecundidad en toda su vida.
Pero, al mismo tiempo, invita a sus seguidores a vivir según esta misma ley paradójica: para dar vida es necesario morir.
No se puede engendrar vida sin dar la propia.
No es posible ayudar a vivir si uno no está dispuesto a desvivirse por los demás.

Nadie contribuye eficazmente a un mundo más justo y más humano viviendo pegado y esclavo de su propio bienestar egoísta.
Nadie trabaja seriamente por el Reino de Dios y su justicia si no está dispuesto a asumir
– los riesgos
– los rechazos
– la conflictividad
– y persecución que sufrió Jesús.

Nos pasamos la vida tratando de evitar problemas y sufrimientos.
La cultura del bienestar nos empuja a organizarnos de la manera más cómoda y placentera. Es el ideal supremo.
Pero hay sufrimientos y renuncias que es necesario asumir si queremos que nuestra vida sea creativa y fecunda.

Nos estamos acostumbrando a vivir cerrando los ojos a los sufrimientos de los demás. Parece lo más inteligente y sensato para ser felices. Pero es un grave error.
Porque nuestro bienestar será cada vez
– más vacío
– más aburrido
– más estéril.
Nuestra religión será cada vez más triste y egoísta.

Y, mientras tanto, los oprimidos y los afligidos quieren saber si hay alguien que se interese por su dolor y que tenga la buena voluntad de compartirlo y de aliviarlo.
Nunca insistiremos lo suficiente en el hecho de que Dios Padre no quiere que sus hijos sufran.
Hay que insistir en esto porque se ha insistido demasiado en el dios vampiro que necesita sangre y dolor y muerte para perdonar a sus hijos.
A veces, decimos de Dios cosas que no las diríamos de ninguna persona decente, como aseguraba Toni de Mello.