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Jueves Santo. Ciclo B
Barcelona, ​​2 de abril de 2015

A los creyentes –empezando por los curas– nos amenaza un grave peligro. El pensar que todo esto que nos leerán y nos predicarán ya lo sabemos.
Pero una cosa es saberlo, tener noticia y otra muy diferente
–vivirlo
–comprometernos
–poner el hombro
Y aquí fallamos.
Enseguida veremos porqué.

Hay, en este fragmento evangélico una realidad tan sencilla y ejemplar como incomprensible y escandalosa.
¿Qué es lo sencillo?
El ejemplo de humildad, de servicio y de amor que Jesús da a los discípulos en lavarles los pies.

¿Qué es lo incomprensible? ¿Qué es el escandaloso?
Lo que, de hecho, se esconde detrás de este servicio de amor.
Y es de gran importancia entender esto último.
¿Por qué?
Porque si no se entiende esto, todo el relato se queda en gesto piadoso, en buen ejemplo como tantos otros de la buena gente.

¿De qué se trata aquí?
Jesús le dice a Pedro: "Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora."
Y luego dice a todos: "¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros?"
Queda bien claro que, según el criterio de Jesús, lo que allí pasó resultaba difícil de entender.
A Pedro, por ejemplo, no le entraba en la cabeza. Y era una realidad tan y tan importante que Jesús le dice: "Si no te lavo los pies, no tienes nada que ver conmigo."
¿Qué quiere decir esto?
Que la cosa era tan seria que allí se jugaba el ser o no ser lo que Jesús quería.

Jesús afirma que Él es "el Maestro y el Señor", es decir, el que en aquella cultura
–tiene el control
–tiene el dominio sobre los demás
–tiene la autoridad para decidir.
El Señor, designaba el amo y señor de los criados y los esclavos.
Designaba, el Emperador.
Designaba, Dios.

Pues bien, lo incomprensible y lo escandaloso es que Jesús al hacer lo que hizo esa noche, en realidad, lo que dijo fue esto: "Si el Señor se pone a vuestros pies, con esto quiero deciros que por encima del hombre, ni Dios! "
¿Por qué?
Porque Dios en Jesús se ha fundido con el ser humano.

Consecuencia práctica: el Dios de Jesús y la religión de Jesús está al servicio del ser humano, de todo lo humano.
Sólo hay un camino para llegar a Dios.
¿Cuál?
–llegar al hombre
–servir el hombre
–amar el hombre, empezando por los que necesitan más ayuda, porque son los más desgraciados y los más olvidados.
En ellos nos espera Dios.
¿Sabremos acogerlos?

No nos hagamos ilusiones, no vivamos engañados: si no los acogemos con el corazón abierto nunca encontraremos el Dios real, el Dios verdadero, el Dios de la Redención, el Dios cristiano.
Y si no encontramos el Dios verdadero, ¿qué somos?
–somos unas nulidades
–somos unos don nadie
–somos unos renegados.