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Domingo XVI del tiempo ordinario. Ciclo B.
Barcelona, ​​19 de julio de 2015.

¿Como vivía las realidades humanas Jesús?
Jesús lo vivía todo desde la compasión activa.
Era su manera de ser y de hacer, de actuar. Su primera reacción ante las personas.
No sabía mirar nadie
con frialdad
con indiferencia
con una actitud de tanto me da, como lo hacemos nosotros muchas veces.

No soportaba ver a las personas sufrir.
Así fue recordado por las primeras generaciones cristianas.
Pero los evangelistas dicen más, bastante más.
A Jesús no le conmueven sólo las personas concretas que encuentra en su camino:
–los enfermos que lo buscan
–los indeseables que se le acercan
–los niños a los que nadie acaricia.

Jesús siente compasión por la gente que vive desorientada y no tienen quien los guíe ni alimente.
El evangelista Marcos nos describe lo que ocurrió en alguna ocasión cerca del lago de Galilea.
De todos los pueblos y aldeas llegaron corriendo al lugar donde Jesús iba a desembarcar.
Al ver toda aquella muchedumbre, Jesús reacciona como siempre: "sintió honda compasión porque andaban como ovejas sin pastor."

La imagen del conjunto es muy patética. Jesús parece estar recordando las palabras pronunciadas por el profeta Ezequiel 6 siglos antes:
"En el pueblo de Dios hay ovejas que malviven sin pastor: ovejas débiles a las que nadie reconforta; ovejas enfermas a las que nadie cura; ovejas heridas a las que nadie cuida; ovejas descarriadas a las que nadie se acerca; ovejas perdidas a las que nadie busca "(34)

Mientras nosotros analizamos las causas del empeoramiento social y de las crisis de la Iglesia,
mientras discutimos sobre la posición que debe tomar la Iglesia en una sociedad más y más secularizada,
mientras nos descalificamos los unos a los otros y condenamos todo lo que nos molesta o irrita, hay entre nosotros muchas, muchísimas ovejas sin pastor. Quien dice ovejas llama personas.

¿Quienes son estas ovejas?
Personas solas a las que nadie tiene tiempo de escuchar.
Esposas y esposos que sufren desvalidos y sin ninguna ayuda del derrumbe de su amor.
Chicas que abortan presionadas por el miedo y por la inseguridad sin el apoyo ni la comprensión de nadie. Ni de sus parientes.
Personas que sufren en secreto su incapacidad para liberarse de una vida indigna y maltrecha.
Alejados que desean reavivar su fe y no saben a quién acudir ni cómo concretar sus nobles anhelos.

¿Quien desvelará entre nosotros la verdadera y eficaz compasión?
¿Quien dará a la Iglesia una fisonomía más parecida a la de Jesús?
Tú y yo podríamos ser estas personas más compasivas como lo era Jesús cuando vivía en este mundo.
Preguntémonos si realmente lo somos.
¿Somos personas compasivas?