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Cristo Rey. Ciclo B.
Barcelona, ​​22 de noviembre de 2015.

El juicio contra Jesús tiene lugar en el Palacio donde reside el prefecto romano cuando viene a Jerusalén.
El nuevo día comienza a desvelarse.
Pilato ocupa la sede desde donde se dictan las sentencias.
Jesús comparece maniatado como un vulgar delincuente.

Allí están frente a frente el representante del imperio más poderoso del momento y el profeta del Reino de Dios.
A Pilato le resulta increíble que aquel pobre hombre intente desafiar Roma. "De modo que ¿tú eres rey?" –le dice.
Jesús no puede ser más claro: "Mi reino no es de este mundo."
–no pertenece a ningún sistema injusto
–no pretende ocupar ningún trono
–no busca poder, ni dinero, ni fuerza.

Pero no le oculta la verdad: "Yo soy Rey".
Jesús ha venido a este mundo a introducir la verdad.
Si su reino fuera de este mundo tendría guardas que lucharían por Él con armas. Sin embargo, sus seguidores no son legionarios sino discípulos que escuchan su mensaje y se dedican a traer verdad, justicia y amor al mundo.

El Reino de Jesús no es el de Pilato.
El prefecto vive para extraer las riquezas y cosechas de los pueblos y conducirlas hacia Roma.
Jesús vive para ser testigo de la verdad. Su vida es todo un desafío. "Todo el que es de la verdad escucha mi voz".
Pilato no es de la verdad. Pilato no escucha la voz de Jesús.
Le pregunta a Jesús "¿qué es la verdad?" y, a continuación, se da media vuelta sin esperar la posible respuesta. Pilato no cree.

El seguidor de Jesús no es guardián de la verdad, sino testigo.
No ha venido tras las huellas de Jesús para ser legionario, sino discípulo.
Su trabajo NO es
–disputar
–combatir
–derrotar enemigos
–ganar victorias.

Su trabajo es
–vivir la verdad del Evangelio
–comunicar la experiencia de Jesús que está cambiando la vida.

El cristiano tampoco es propietario de la verdad, sino testigo
–no impone su doctrina
–no controla la fe de los demás
–no pretende tener razón en todo.

Vive convirtiéndose en Jesús.
Contagia la atracción que siente por Él.
Ayuda a mirar hacia el Evangelio y a regirse por el Evangelio.
La Iglesia atraerá la gente cuando vean en su fisonomía el rostro de Jesús, y que nuestra vida se lo recuerda.
Testigo quiere decir esto.

¿Pensamos que realmente nuestra vida recuerda y hace presente la vida de Jesús?
¿Somos comprensivos como Él lo era?
¿Procuramos ayudar y acompañar a los más desvalidos y desgraciados como Él lo hacía?
¿Somos hoy la imagen viva de Jesús?
¿Lo somos o lo no somos?

No nos precipitemos a responder y primer examinemos seriamente.
Nuestra vida: ¿recuerda y hace presente la vida de Jesús?
¿La hace presente o no la hace presente?